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Júpiter tiene rayos hasta 100 veces más potentes que los de la Tierra

La sonda Juno de la NASA sobrevoló la atmósfera de Júpiter de norte a sur (trayectoria amarilla) el 17 de agosto de 2022, detectando un grupo de pulsos de radio provenientes de rayos (símbolos cian que indican la posición del instrumento para cada pulso). El mapa de fondo del Telescopio Espacial Hubble identificó la fuente del rayo como una "supertormenta sigilosa" aislada. Crédito: Wong et al. (2026, AGU Advances; HST y Juno MWR).

Júpiter ya era famoso por sus tormentas gigantes, pero nuevas observaciones muestran que su clima puede ser todavía más extremo de lo pensado.

Un estudio publicado en AGU Advances, liderado por Michael Wong, de la Universidad de California en Berkeley, analizó rayos detectados por Juno.

Juno, la nave de NASA que orbita Júpiter desde 2016, estudia su atmósfera con un instrumento llamado radiómetro de microondas.

Este instrumento puede detectar señales de radio producidas por relámpagos, algo parecido a la interferencia que generan los rayos en la Tierra.

Los resultados sugieren que algunas descargas eléctricas en Júpiter podrían ser hasta 100 veces más potentes que los rayos terrestres.

Y quizá incluso más. Esto es impresionante, pero también tiene sentido si pensamos en el tipo de planeta que es Júpiter.

Júpiter es el planeta más grande del Sistema Solar y tiene tormentas enormes, algunas tan persistentes que pueden durar siglos.

Estudiar esos rayos no solo sirve para conocer mejor a Júpiter. También ayuda a entender mejor cómo funcionan las tormentas en general.

Aunque vivimos en la Tierra, todavía ignoramos muchas cosas sobre los rayos, las nubes tormentosas y los fenómenos eléctricos extremos.

De hecho, en los últimos años los científicos han identificado eventos luminosos transitorios asociados a tormentas, como sprites, jets, halos y ELVEs.

Estos fenómenos duran apenas milisegundos y ocurren sobre grandes tormentas, en regiones altas de la atmósfera terrestre.

En Júpiter, los rayos son especialmente útiles porque revelan cómo funciona la convección, el proceso que mueve calor dentro de una atmósfera.

En la Tierra, el aire húmedo suele subir con facilidad porque nuestra atmósfera está dominada por nitrógeno, más pesado que el vapor de agua.

Por eso el aire con humedad puede volverse más flotante, elevarse, enfriarse y formar tormentas con nubes cargadas eléctricamente.

Pero en Júpiter la situación cambia. Su atmósfera está dominada por hidrógeno, y allí el aire húmedo resulta más pesado.

Eso significa que cuesta mucho más empujar ese aire hacia arriba. Las tormentas necesitan acumular mucha más energía antes de despegar.

Cuando finalmente suben, liberan esa energía con más violencia, generando vientos fuertes y rayos intensos entre nubes.

El mecanismo básico podría parecerse al terrestre. El vapor de agua asciende, se condensa y forma gotitas o cristales de hielo.

Esas partículas chocan, se cargan eléctricamente y crean diferencias de voltaje enormes, hasta que aparece una descarga.

En la Tierra, este proceso puede formar granizo. En Júpiter, los cristales incluyen agua y amoníaco, una mezcla bastante distinta.

Una hipótesis propone que esas partículas forman “mushballs”, algo así como granizo fangoso que cae dentro de la atmósfera joviana.

Aun así, todavía hay muchas preguntas abiertas. Rayos más fuertes implican voltajes mayores, pero no sabemos exactamente qué los produce.

Quizá la diferencia clave sea la atmósfera de hidrógeno. Quizá sean las tormentas, que en Júpiter pueden superar los 100 kilómetros de altura.

En la Tierra, muchas tormentas alcanzan unos 10 kilómetros. Esa diferencia de escala podría permitir separaciones eléctricas mucho más grandes.

También podría influir la energía acumulada antes de que una tormenta joviana logre elevar el aire húmedo.

Por ahora, Júpiter sigue mostrando que su atmósfera no es solo una versión gigante de la nuestra, sino un laboratorio extremo.

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