El Niño aparece cuando los vientos del Pacífico se debilitan y dejan que el agua caliente avance hacia el centro y el este del océano durante varios meses.
Ese movimiento calienta la atmósfera, eleva la temperatura global y puede causar pérdidas económicas enormes, porque altera lluvias, cosechas, pesca, energía y salud pública en muchos países.
Un estudio publicado en Science Advances analizó una forma temporal de geoingeniería que podría reducir la intensidad de estos episodios usando nubes sobre el Pacífico oriental del planeta.
La técnica se llama abrillantamiento de nubes marinas y consiste en lanzar diminutas gotas de agua de mar bajo nubes bajas llamadas estratocúmulos mediante barcos especializados.
La humedad se condensa alrededor de esas partículas, aumenta la cantidad de gotitas dentro de la nube y hace que refleje más luz solar al espacio de manera notable.
Los investigadores plantean aplicar este método sobre la región Niño 3.4, una zona central para medir y seguir la evolución de los eventos de El Niño del planeta.
Si esa superficie oceánica se enfría, los vientos alisios podrían fortalecerse nuevamente y empujar el agua caliente de regreso hacia el oeste del Pacífico.
Al mismo tiempo, subiría más agua fría desde las profundidades del océano oriental, reforzando el enfriamiento y frenando el ciclo antes de que gane fuerza.
La idea surgió después de los incendios extremos ocurridos en Australia durante 2019 y 2020, cuyo humo viajó sobre el océano Pacífico.
Otros estudios sugieren que esas partículas aclararon nubes, enfriaron el Pacífico oriental y ayudaron a intensificar la larga fase de La Niña posterior.
El equipo simuló qué habría ocurrido durante los super El Niño de 1997-1998 y 2015-2016 si hubieran aplicado esta técnica durante nueve meses.
Según los modelos, el calentamiento de la región Niño 3.4 habría bajado de más de dos grados a poco más de un grado centígrado.
También habría terminado cada episodio alrededor de enero, varios meses antes de lo ocurrido realmente, convirtiendo un evento extremo en otro mucho más moderado.
Sin embargo, la operación necesaria sería gigantesca. Harían falta aproximadamente 2.400 barcos y una cantidad de aerosol marino imposible con la tecnología actual disponible.
Además, los modelos no siempre representan perfectamente la realidad, especialmente porque los océanos más cálidos pueden reducir las nubes bajas y complicar este enfriamiento.
En ese escenario, los científicos tendrían que lanzar todavía más partículas para compensar la pérdida de nubes, acercándose rápidamente a los límites técnicos del sistema.
La intervención también podría producir consecuencias inesperadas. En las simulaciones, La Niña comenzó antes y, en uno de los casos, alcanzó mayor intensidad después.
Una La Niña fuerte puede alterar las lluvias en regiones vulnerables, como el Cuerno de África, donde sequías anteriores contribuyeron a crisis alimentarias graves.
Aun así, esta estrategia tendría una ventaja frente a proyectos permanentes: duraría pocos meses y evitaría depender durante décadas de una intervención climática continua.
Por ahora, se trata de una posibilidad teórica que necesita mejores modelos, pruebas cuidadosas y una evaluación internacional sobre riesgos, beneficios y posibles perjudicados.





