Durante mucho tiempo pensamos que los rayos cósmicos llegaban al sistema solar como una lluvia pareja, constante y desde todas direcciones. Pero ahora parece que el panorama es más raro.
Un análisis reciente, publicado en Science Advances, describe una especie de cavidad o zona de menor radiación entre la Tierra y la Luna cuando ambas se alinean de cierta manera.
La pista llegó gracias al módulo chino Chang’e 4, que opera en la cara oculta de la Luna y lleva años midiendo partículas energéticas con un instrumento especial.
Lo que detectó fue inesperado: en una parte concreta de la órbita lunar, el flujo de protones de rayos cósmicos galácticos baja alrededor de un veinte por ciento.
Eso no significa que los rayos cósmicos desaparezcan de pronto, sino que en esa región llegan menos partículas que en otros puntos del recorrido alrededor de la Tierra.
Y eso importa bastante, porque esos rayos cósmicos no son inofensivos. Son partículas muy energéticas que pueden atravesar materiales, arrancar electrones y dañar moléculas dentro del cuerpo.
Dicho más simple: pueden afectar el ADN, aumentar mutaciones y elevar el riesgo de cáncer. Por eso son uno de los grandes problemas para astronautas y pilotos.
En la Tierra no los sentimos tanto porque la atmósfera nos protege muy bien. Pero fuera de esa capa, especialmente en misiones largas, la radiación sí se vuelve seria.
Hasta ahora se sabía que el Sol puede cambiar esa lluvia de partículas. Cuando su actividad sube, el viento solar desvía muchos rayos cósmicos y el flujo disminuye.
Lo nuevo es que la Tierra también parece meter mano. No solo con su presencia física, sino mediante su campo magnético, que puede alterar trayectorias en ciertas condiciones.
Chang’e 4 solo puede tomar estas mediciones durante el día lunar, cuando recibe luz solar. En la noche lunar el frío extremo impide que el módulo siga operando normalmente.
Aun así, los investigadores reunieron datos de treinta y un ciclos lunares. Luego compararon cómo cambiaba el flujo de protones mientras la Luna avanzaba por su órbita.
Fue ahí cuando apareció el patrón: antes del mediodía local lunar, en el llamado sector prenoon, la Luna entra en una región con menos protones energéticos.
La explicación probable tiene que ver con el campo magnético interplanetario, que es una prolongación del campo magnético del Sol extendida por todo el sistema solar.
Como el Sol gira, ese campo no se extiende en línea recta. Se retuerce formando una espiral conocida como espiral de Parker, una estructura clave en este hallazgo.
Cuando esa espiral se alinea de la forma correcta con la Tierra y la Luna, algunas líneas magnéticas conectan la zona lunar con regiones dominadas por el campo terrestre.
Entonces, las partículas cargadas que normalmente seguirían cierto camino se ven afectadas por ese campo más fuerte, y se forma algo parecido a una sombra magnética.
Cuando la Luna atraviesa esa sombra, durante unos dos días, Chang’e 4 registra una caída en el número de protones provenientes de rayos cósmicos galácticos.
Eso abre una posibilidad práctica: planear algunas actividades espaciales justo en esos periodos de radiación más baja, para reducir un poco la dosis recibida por astronautas.
Todavía falta entender mejor cuánto abarca esta cavidad, cómo cambia con el tiempo y si algo parecido puede aprovecharse cerca de otros mundos con campo magnético.
