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Por primera vez científicos han logrado mantener viva la cóclea de un mamífero fuera del cuerpo

AI

Poco antes de morir en agosto de 2025, A. James Hudspeth logró algo que nunca se había hecho: mantuvo viva una parte de la cóclea fuera del cuerpo y funcionando normalmente.

Este logro permitió, por primera vez, observar cómo funciona directamente este órgano clave de la audición, gracias a un dispositivo diseñado especialmente por su equipo en la Universidad Rockefeller.

El estudio fue publicado en PNAS y Hearing Research, y cierra con broche de oro más de 50 años de investigación sobre cómo oímos y por qué a veces perdemos la audición.

La cóclea es tan pequeña como compleja, y está metida dentro del hueso más denso del cuerpo, lo que siempre dificultó estudiarla mientras funciona.

Este órgano tiene unas 16,000 células sensoriales llamadas “células ciliadas”, que vibran al recibir sonidos y los transforman en señales eléctricas para el cerebro.

Cada célula tiene unos pelitos diminutos llamados estereocilios. Son tan sensibles que pueden detectar vibraciones minúsculas y amplificarlas con una precisión increíble.

El problema es que la cóclea es muy frágil. Sacarla del cuerpo y mantenerla activa sin dañarla era casi imposible… hasta ahora.

El equipo de Hudspeth lo logró usando cócleas de jerbos, unos roedores con audición similar a la humana. Extrajeron una rebanada minúscula de 0.5 mm en una etapa clave del desarrollo.

La colocaron en una cámara diseñada para imitar el entorno vivo de la cóclea, con líquidos nutritivos, temperatura controlada y voltaje como si estuviera aún en el cuerpo.

Luego, le pusieron sonido a través de un microparlante y observaron en tiempo real cómo las células reaccionaban y amplificaban los sonidos.

Lo más impresionante fue que confirmaron un principio físico que Hudspeth había perseguido por más de 25 años: la bifurcación de Hopf, una especie de “punto de quiebre”.

Ese punto es el momento justo en que una célula pasa de estar completamente quieta a comenzar a vibrar con la mínima señal. Es la base para que el oído amplifique sonidos débiles.

Este fenómeno ya se había visto en animales como ranas toro. Pero por fin, gracias a este experimento, se comprobó que también ocurre en mamíferos como nosotros.

Observarlo con tanto detalle fue posible gracias al diseño del sistema y al trabajo técnico de Brian Fabella y Nicholas Belenko, quienes desarrollaron el dispositivo junto al equipo.

Con esta herramienta, ahora pueden probar fármacos o alterar partes específicas de la cóclea sin dañar el resto. Esto abre nuevas posibilidades terapéuticas para tratar pérdida auditiva.

Hoy no existe ningún medicamento aprobado para restaurar la audición en casos de daño sensorial. Parte del problema es que no entendíamos del todo cómo funciona el proceso activo de oír.

Ahora, con esta técnica, los científicos pueden estudiar qué pasa exactamente cuando el sistema falla y, quizás, cómo evitar que eso ocurra.

Hudspeth dedicó décadas a este objetivo. Para su colega Marcelo Magnasco, este experimento fue “una obra maestra” y el cierre perfecto de una carrera extraordinaria.

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