Un grupo de científicos de la Universidad de Minnesota asegura haber construido una célula sintética desde cero y haberla observado crecer, copiar material genético y dividirse.
El sistema se llama SpudCell. No es una célula natural modificada ni una bacteria simplificada: sus componentes fueron reunidos deliberadamente para reproducir funciones básicas celulares.
La investigación todavía no ha sido publicada en una revista científica revisada por pares. Por ahora, compartieron un manuscrito preliminar en el sitio de Biotic.
Ese detalle importa porque el trabajo aún debe pasar por la evaluación independiente de otros especialistas. Hasta entonces, conviene considerar sus resultados prometedores, pero provisionales.
SpudCell contiene un genoma de apenas 90 mil pares de bases. Para comparar, el genoma humano tiene tres mil millones de pares de bases, una escala inmensamente mayor.
Durante años, investigadores pensaban que una célula funcional necesitaría al menos 113 mil pares de bases. Este proyecto intenta demostrar que ciertas capacidades pueden aparecer con menos información.
Cada SpudCell empieza como un liposoma, una esfera hecha de grasas. Esa envoltura imita la membrana que separa el interior celular del ambiente externo.
Dentro colocaron siete plásmidos, moléculas circulares de ADN frecuentes en bacterias. En conjunto, esos plásmidos guardan las instrucciones genéticas del sistema artificial.
También incorporaron una maquinaria para expresar proteínas. Dicho de manera sencilla, puede leer las instrucciones del ADN y fabricar moléculas para que el conjunto funcione.
Gracias a eso, SpudCell toma nutrientes del líquido donde flota, los convierte en materiales útiles, aumenta de tamaño y puede pasar por un proceso de división.
Los autores afirman que el sistema logra seleccionar componentes, replicar su genoma, crecer, alimentarse y dividirse mediante instrucciones codificadas en su ADN. Son logros para química y biología sintética.
Sin embargo, llamarla vida puede resultar discutible. SpudCell no puede mantenerse por muchas generaciones, evolucionar de forma sostenida ni construir por sí misma toda su maquinaria proteica.
Además, depende completamente del medio líquido que la rodea. Necesita recibir sustancias ya preparadas porque no regula bien su metabolismo ni produce todos los elementos esenciales.
Tampoco cuenta con citoesqueleto, la red interna que da forma a las células naturales. Esa ausencia simplifica el diseño, aunque dificulta transportar materiales y eliminar residuos.
Por eso, SpudCell parece menos una criatura autónoma y más una plataforma química avanzada. Aun así, muestra que funciones asociadas con la vida pueden ensamblarse gradualmente.
El proyecto también podría tener aplicaciones prácticas. En el futuro, células sintéticas similares podrían fabricar medicamentos, biomateriales o compuestos químicos con procesos más controlados y específicos.
Actualmente, laboratorios ya usan bacterias modificadas para producir sustancias como la insulina. Una célula construida desde cero podría ofrecer mayor precisión, aunque todavía está muy lejos de reemplazarlas.
La principal utilidad inmediata es entender qué necesita realmente una célula para funcionar. Al conocer cada pieza, los investigadores pueden probar qué ocurre al añadir, quitar o cambiar componentes.
SpudCell no resuelve el misterio del origen de la vida, pero ofrece un modelo claro para estudiarlo. Recuerda que entre química compleja y biología existe una frontera menos rígida.





