Un equipo liderado por el astrónomo Pieter van Dokkum, de Yale, descubrió una galaxia rarísima en el espacio profundo. La llamaron “galaxia Infinito” por su forma parecida al símbolo ∞.
Esta forma no es casualidad. Son en realidad dos galaxias que chocaron recientemente y se entrelazaron formando esa figura extraña que llamó la atención de los astrónomos.
Lo más loco del asunto es lo que hay en el centro: un agujero negro supermasivo, recién formado, envuelto en una nube densa de gas. Literalmente, el nacimiento de un monstruo cósmico.
El hallazgo fue publicado en The Astrophysical Journal Letters y podría cambiar lo que sabemos sobre cómo se forman los agujeros negros gigantes.
Van Dokkum lo explicó directo: “Esto es lo más cerca que vamos a estar de una prueba irrefutable. Todo sobre esta galaxia es raro.”
Y lo es. Primero, porque tiene una forma fuera de lo común. Segundo, porque ese agujero negro no está en ninguno de los núcleos de las galaxias que chocaron, sino justo en el medio.
Eso no se había visto antes. Los astrónomos se preguntaron: ¿cómo puede pasar algo así?
La respuesta empezó a tomar forma gracias a imágenes del telescopio espacial James Webb, dentro del proyecto COSMOS-Web, y también datos del Observatorio Keck en Hawái.
Usaron además archivos del radiotelescopio Very Large Array y del observatorio de rayos X Chandra. Todo apuntaba a lo mismo: ese agujero negro acaba de nacer.
Van Dokkum cree que estamos viendo el nacimiento de un agujero negro supermasivo, algo que nunca se había observado directamente.
Este descubrimiento también se mete de lleno en un debate clave de la astrofísica: ¿cómo se formaron los primeros agujeros negros del universo?
Una idea es la teoría de las “semillas ligeras”, donde agujeros negros pequeños, nacidos de estrellas muertas, se van uniendo hasta formar uno supermasivo. Pero eso tomaría muchísimo tiempo.
El problema es que ya se han detectado agujeros negros gigantes en épocas demasiado tempranas del universo como para que esa teoría encaje.
Ahí entra la otra teoría: las “semillas pesadas”. Esta sugiere que los agujeros negros grandes pueden surgir directamente del colapso de enormes nubes de gas, sin pasar por la fase de estrella.
Pero eso tampoco es sencillo, porque esas nubes suelen formar estrellas, no agujeros negros. Justo ahí es donde entra la galaxia Infinito como posible evidencia.
Según Van Dokkum, la colisión entre las dos galaxias provocó una compresión extrema del gas. Esa presión pudo formar un “nudo” tan denso que colapsó y creó el agujero negro.
Este tipo de colisiones no es común hoy, pero en el universo temprano, las condiciones extremas como esta eran mucho más frecuentes.
Aunque falta confirmar los detalles, la galaxia Infinito podría ser una ventana directa a cómo nacen los agujeros negros gigantes.
