Durante 50 años, los astrónomos miraron a una estrella enorme llamada gamma Cassiopeiae sin entender por qué lanzaba rayos X tan intensos y tan raros. Parecía comportarse fuera de toda lógica.
Ahora esa vieja duda por fin tiene una respuesta bastante sólida. Un estudio publicado en Astronomy & Astrophysics apunta a que el origen real no es la estrella visible.
Lo que estaría produciendo esa radiación extrema sería una compañera diminuta e invisible: una enana blanca que le roba material a la estrella grande mientras ambas orbitan entre sí.
Gamma Cassiopeiae, o gamma Cas, está a unos 550 años luz de la Tierra y ocupa una posición conocida en la constelación de Casiopea, esa que dibuja una especie de W.
La estrella principal del sistema es una estrella Be, una clase de estrellas muy calientes, muy brillantes y bastante masivas. En este caso, tiene unas 15 veces la masa del Sol.
De hecho, gamma Cas fue la primera estrella Be identificada, allá por 1866. Por eso se volvió una especie de referencia para entender a todo ese tipo de estrellas.
Pero en los años setenta apareció el misterio. Cuando los observatorios espaciales empezaron a detectar rayos X desde fuera de la atmósfera, gamma Cas mostró una señal inesperadamente feroz.
Era una emisión unas 40 veces más brillante de lo que se esperaba para una estrella así. Además, parecía venir de plasma calentado hasta unos 150 millones de kelvin.
Durante décadas, los científicos debatieron dos grandes explicaciones. Una decía que el fenómeno nacía cerca de la propia estrella, por interacciones magnéticas con el disco que la rodea.
La otra idea proponía que el responsable era un objeto compañero. Podía ser una estrella muy alterada, una estrella de neutrones o una enana blanca devorando material cercano.
El problema era que encontrar una compañera así no es nada fácil. Gamma Cas es enorme, brillante y dominante, mientras que una enana blanca es pequeña y difícil de ver.
Una enana blanca puede tener un tamaño parecido al de la Tierra, pero con muchísima masa comprimida. Al lado de una estrella gigante y luminosa, prácticamente desaparece.
La clave llegó con XRISM, una misión espacial conjunta de JAXA, ESA y NASA diseñada para estudiar rayos X con muchísima precisión y separar mejor de dónde vienen.
Los investigadores observaron gamma Cas en diciembre de 2024, y luego en febrero y junio de 2025. Ahí vieron que la señal seguía un patrón orbital de 203 días.
Eso fue crucial, porque las variaciones de velocidad del plasma caliente coincidían con el movimiento orbital de la compañera compacta, no con el de la estrella Be principal.
En otras palabras, el plasma supercaliente que produce los rayos X no está pegado a la estrella grande. Está asociado al pequeño objeto que gira junto a ella.
El análisis también sugiere que esa compañera es una enana blanca con campo magnético. Su gravedad arranca material de la estrella grande y lo canaliza hacia sus polos.
Ese material cae siguiendo líneas magnéticas y, al precipitarse sobre la enana blanca, se calienta muchísimo. Ahí se genera esa emisión energética que llevaba medio siglo desconcertando.
Este hallazgo importa mucho porque confirma un tipo de sistema binario que se había predicho desde hace tiempo: una pareja formada por una estrella Be y una enana blanca.
A primera vista parece una combinación extraña. Una estrella de 15 masas solares vive muy poco, mientras que una enana blanca viene de una estrella que pudo tardar miles de millones de años.
La explicación probable es que antes eran dos estrellas más parecidas. La más masiva envejeció primero, transfirió parte de su material y terminó convertida en enana blanca.
La otra estrella, al recibir masa, creció y terminó convertida en la estrella Be brillante que hoy vemos. O sea, el sistema actual sería el resultado de una historia complicada.
Ya había pistas de sistemas así, pero gamma Cas ofrece la prueba más clara hasta ahora. Y eso ayuda a reinterpretar señales parecidas vistas en otras estrellas Be.
Ahora que se conoce la identidad real del culpable, los astrónomos pueden construir modelos mucho mejores sobre cómo evolucionan estas parejas estelares y cómo interactúan con tanta violencia.
