¿Sabías que la evolución puede echarse para atrás? Suena raro, pero acaba de pasar con unos tomates salvajes en las Islas Galápagos.
Un grupo de investigadores de la Universidad de California, Riverside, y el Instituto Weizmann de Israel lo documentó. Lo publicaron en Nature Communications.
Estaban estudiando tomates que crecen sobre rocas volcánicas, literalmente en medio de la nada. Tomaron 56 muestras de dos especies: Solanum cheesmaniae y Solanum galapagense.
Se enfocaron en los alcaloides que producen estas plantas. Son compuestos tóxicos que usan para defenderse de animales que se las quieren comer.
Y acá viene lo interesante: los tomates del este de las islas producen alcaloides “modernos”, similares a los de tomates cultivados. Pero los del oeste generan una versión antigua, como la de hace millones de años.
Ese tipo de alcaloide ancestral todavía se ve en plantas emparentadas con la berenjena. O sea, algo muy primitivo.
Con más análisis de laboratorio, encontraron qué enzima causa este cambio químico. Bastó modificar unos pocos aminoácidos para que el metabolismo volviera a comportarse como antes.
Literalmente, estos tomates revirtieron parte de su evolución. Volvieron a activar una versión antigua de sus genes.
Y esto no es solo un experimento de laboratorio. Está pasando en plantas reales, creciendo en la naturaleza, en un lugar súper aislado.
Hay casos parecidos, como cuando científicos activaron genes antiguos en pollos para que desarrollaran dientes. Pero eso fue en laboratorio.
Aquí hablamos de poblaciones enteras de tomates que cambiaron solitas, sin intervención humana.
Lo que lo vuelve aún más loco es que las zonas del oeste de Galápagos son jóvenes, con menos de medio millón de años. Y son más secas, más duras para vivir.
Eso podría haber sido la presión que llevó a las plantas a “des-evolucionar”. Tal vez, en ese entorno, tener alcaloides más antiguos les da ventaja.
Los científicos creen que hay una selección natural muy fuerte detrás. En algunos tomates, hasta varios genes se reactivaron hacia atrás.
¿Entonces la evolución no siempre va hacia adelante? Exacto. A veces, retrocede si eso ayuda a sobrevivir mejor.
Y esto no solo sirve para entender la evolución. También abre puertas para modificar plantas con más precisión.
Como dice Adam Jozwiak, uno de los autores: “Cambias unos pocos aminoácidos, y obtienes una molécula completamente distinta”.
Eso podría ayudar a diseñar plantas con mejores defensas contra plagas, menos tóxicas o incluso con propiedades medicinales nuevas.
Pero antes de jugar a ser bioingenieros, tenemos que entender cómo lo hace la naturaleza.
Este estudio es un paso enorme en esa dirección.
La próxima vez que veas un tomate, recuerda: puede que esté llevando dentro de sí un secreto de hace millones de años.
