En la Antártida está ocurriendo algo bastante curioso. Los excrementos de los pingüinos están ayudando a que algunas zonas cubiertas de nieve se vuelvan verdes.
Aunque parezca extraño, este fenómeno preocupa a los científicos porque podría acelerar el derretimiento de la nieve en algunas regiones del continente más frío del planeta.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado en Boulder y la Universidad del Oeste de Washington estudió este fenómeno. Sus resultados fueron publicados en la revista científica Journal of Geophysical Research: Biogeosciences.
Para entender qué ocurre, primero debemos hablar de unas algas microscópicas que viven sobre la nieve antártica. Estos organismos pueden formar enormes manchas verdes o rojizas.
El color depende de las condiciones ambientales. Cuando las algas encuentran suficientes nutrientes, producen clorofila, un pigmento verde que les permite aprovechar la luz solar para crecer.
Pero cuando escasean los nutrientes o las condiciones se vuelven difíciles, producen pigmentos rojizos que funcionan como un protector solar natural y reducen su crecimiento.
Aquí es donde intervienen los pingüinos. Sus excrementos contienen nutrientes como el fosfato, una sustancia que las algas necesitan para desarrollarse y mantenerse activas.
Los pingüinos obtienen estos nutrientes cuando se alimentan de animales marinos. Después los transportan hasta la costa y los depositan sobre la nieve mediante sus excrementos.
Para comprobar esta relación, los investigadores viajaron hasta la península Antártica occidental y recogieron muestras de nieve verde y roja en diferentes lugares de la costa.
También compararon zonas cercanas a colonias de pingüinos con otras donde no había estas aves. Posteriormente analizaron las muestras utilizando microscopios y pruebas químicas.
Los resultados mostraron que la nieve dominada por algas verdes contenía cantidades considerablemente mayores de fosfato que aquella donde predominaban las algas de color rojo.
Esto respaldó la hipótesis de que los excrementos funcionan como fertilizante natural, proporcionando los nutrientes necesarios para que las algas verdes sigan creciendo sobre la nieve.
Pero aquí aparece el problema. La nieve blanca refleja buena parte de la radiación solar, mientras que las superficies oscuras absorben más energía y se calientan.
Según investigaciones anteriores, la nieve cubierta de algas rojas absorbe aproximadamente un 20 % más de energía solar que la nieve blanca y limpia.
En cambio, cuando predominan las algas verdes, la absorción puede aumentar alrededor de un 40 %. Esa energía adicional favorece el calentamiento y derretimiento de la nieve.
Esto significa que los pingüinos podrían estar contribuyendo indirectamente al deshielo local, aunque evidentemente no sean responsables del calentamiento global que afecta al continente.
Además, otras aves marinas también participan en este proceso. Sus excrementos transportan nutrientes desde el océano y ayudan a fertilizar las algas que crecen sobre la nieve.
Los investigadores advierten que, conforme aumenten las temperaturas, las condiciones podrían favorecer la expansión de estas algas hacia nuevas regiones de la costa antártica.
Si algunas poblaciones de pingüinos se desplazan más al sur, también podrían transportar nutrientes a lugares donde antes este fenómeno tenía una presencia mucho menor.
Sin embargo, todavía falta determinar cuánto contribuye este proceso al derretimiento total. Los científicos consideran necesario incorporarlo a futuros modelos para mejorar las predicciones sobre la pérdida de nieve antártica.
