Cuando llega la menopausia, solemos pensar que los ovarios apagan sus funciones y quedan inactivos. Sin embargo, un estudio con ratonas plantea una historia distinta.
La investigación, publicada en la revista Molecular Human Reproduction, indica que, tras perder su función reproductiva, el ovario no se detiene: cambia profundamente su actividad.
En lugar de seguir produciendo óvulos, el tejido mostró señales relacionadas con inflamación e inmunidad. Es como si el órgano cambiara de trabajo durante el envejecimiento.
Eso no demuestra que ocurra lo mismo en personas. Pero sugiere que los ovarios podrían seguir influyendo en el cuerpo mucho después de la menopausia.
El equipo estudió ovarios de ratonas de dos, dieciocho y veinticuatro meses. Cada grupo representaba una etapa, desde juventud reproductiva hasta el final de ella.
Las ratonas no tienen menopausia igual a la humana. Aun así, envejecen, pierden folículos y dejan de ovular, por lo que sirven para buscar pistas biológicas.
Los investigadores observaron un ovario de cada animal al microscopio. Así pudieron ver cómo cambiaban los tejidos, las células y las estructuras que alojan los óvulos.
Con el otro ovario analizaron qué genes estaban activos. Esa técnica muestra cuáles instrucciones del ADN usa cada tejido para fabricar proteínas y realizar tareas.
Como era esperable, los ovarios más viejos tenían menos folículos. También mostraban más colágeno, una proteína que puede volver los tejidos más rígidos y fibrosos.
Pero el órgano no parecía simplemente desgastado. Con la edad, disminuyeron las señales vinculadas con la reproducción y aumentaron las relacionadas con defensas e inflamación.
En los ovarios posteriores a la reproducción aparecieron más células inmunitarias, como linfocitos T, macrófagos y células gigantes multinucleadas. Todas participan en respuestas inflamatorias.
Eso llevó a los autores a proponer que el ovario envejecido adopta un perfil parecido al de un órgano inmunitario, aunque falta aclarar cómo ocurre.
También detectaron proteínas que podrían salir del ovario y comunicarse con otros tejidos. Esa posibilidad podría relacionar al órgano con el envejecimiento general.
Sin embargo, esto no prueba que los ovarios causen el envejecimiento del resto del cuerpo. Muestra una asociación y plantea preguntas que requieren experimentos adicionales.
El hallazgo importa para quienes se someten a una extirpación de ovarios. Incluso después de la menopausia, esos órganos podrían conservar funciones todavía poco comprendidas.
Durante décadas, se consideró que retirar ovarios después de la menopausia tenía pocas consecuencias. Ahora esa idea podría necesitar una revisión más cuidadosa y personalizada.
Los científicos advierten que el estudio usó pocos animales y analizó tejido completo. Por eso no permite saber con precisión qué células originan cada cambio observado.
Además, las señales inflamatorias podrían deberse a células inmunitarias que entran al ovario, a células ováricas transformadas, o a una combinación de ambos procesos.
Para resolverlo harán falta estudios con mayor detalle, incluyendo análisis célula por célula y muestras humanas. Solo entonces sabremos cuánto de este proceso se repite.
Por ahora, la investigación cuestiona la imagen del ovario como un órgano jubilado. Después de dejar de liberar óvulos, podría seguir enviando señales al organismo.




