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Los abejorros pueden resolver problemas por su cuenta

Las abejas tenían que hacer rodar la bola por debajo de una "flor" azul y luego posarse sobre el objeto movido para acceder a una golosina. Mikko Törmänen / Universidad de Oulu

Un grupo de científicos puso a prueba a unos abejorros con un reto que, a primera vista, suena demasiado elaborado para un insecto.

El estudio se llama Spontaneous problem-solving in bumble bees y fue publicado en Science. La pregunta era simple: ¿pueden resolver un problema nuevo?

Los abejorros ya habían sorprendido antes a la ciencia. Se ha visto que pueden aprender, recordar, contar un poco y reconocer patrones.

Pero esta vez el desafío era distinto. No se trataba solo de repetir una tarea aprendida, sino de inventar una solución en el momento.

El experimento usó una flor artificial azul con una recompensa dulce. Los abejorros aprendieron primero que esa flor significaba comida.

Luego los investigadores movieron la flor al techo de una pequeña cámara transparente, demasiado alta para alcanzarla caminando o flotando debajo.

Dentro de la cámara había una bolita de poliestireno. Para llegar al azúcar, el abejorro tenía que moverla al lugar correcto y subirse encima.

Lo sorprendente es que nadie les enseñó esa secuencia completa. Solo sabían que la flor daba comida y que la bolita se podía mover.

Aun así, casi tres de cada cuatro abejorros resolvieron el problema. Empujaron la bolita, la colocaron debajo de la flor y treparon.

Para un animal con un cerebro diminuto, del tamaño aproximado de una semilla de sésamo, eso ya es bastante llamativo.

Los investigadores querían descartar una explicación más simple. Quizá los abejorros solo jugaban con la bolita y terminaban acertando por casualidad.

Por eso hicieron una versión más difícil. Ocultaron la flor detrás de una pared y obligaron a los abejorros a recordar dónde estaba.

En esa prueba, también muchos lo lograron. No bastaba con seguir un punto azul visible; tenían que usar memoria y dirigir la bolita.

Los científicos también probaron que no fuera puro ensayo y error. El comportamiento parecía tener dirección, como si buscaran un objetivo concreto.

Esto no significa que los abejorros piensen como humanos. Pero sí muestra que pueden generar conductas flexibles ante problemas completamente nuevos.

Hasta ahora, este tipo de solución espontánea se asociaba más con animales de cerebros grandes, como primates, elefantes o algunos cuervos.

El hallazgo desafía la idea de que los insectos funcionan como simples máquinas de reflejos, reaccionando automáticamente a estímulos del ambiente.

También obliga a mirar con más respeto sus capacidades. Un cerebro pequeño no significa necesariamente una mente simple, pobre o limitada.

Algunos abejorros incluso encontraron formas de hacer trampa. En lugar de usar bien la bolita, intentaban colgarse del techo para beber.

Eso también resulta curioso, porque muestra que no todos seguían el mismo camino. Algunos exploraban soluciones alternativas para alcanzar la recompensa.

La prueba recuerda a esos experimentos clásicos donde animales usan objetos para llegar a comida que no pueden alcanzar directamente.

Pero aquí el protagonista no era un chimpancé ni un cuervo. Era un insecto de pocas semanas, sin entrenamiento específico para esa tarea.

Ahora los investigadores quieren saber si estos insectos tienen algo parecido a un momento de descubrimiento, ese instante en que “entienden” la solución.

Para eso planean grabarlos con cámaras lentas y analizar sus movimientos, buscando pistas de cómo aparece una solución nueva en un cerebro diminuto.

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