Un grupo de investigadores logró mantener ojos humanos activos fuera del cuerpo durante diez horas después de la muerte, duplicando el tiempo alcanzado anteriormente en laboratorios modernos.
La investigación fue difundida como prepublicación en bioRxiv, por lo que todavía no ha pasado por la revisión independiente formal habitual de una revista científica.
El equipo suministró sangre y oxígeno a los ojos donados, permitiendo que siguieran respondiendo a la luz y conservaran su estructura general durante veinticuatro horas.
Este avance podría acercar la posibilidad de trasplantar un ojo completo, algo especialmente difícil porque la retina y sus conexiones nerviosas se dañan rápidamente en humanos.
Millones de personas viven con ceguera o visión reducida causada por enfermedades irreversibles, incluida la degeneración macular, que afecta directamente la sensible retina del ojo.
La retina se encuentra en la parte posterior del ojo, detecta la luz y convierte las imágenes en señales eléctricas que después interpreta nuestro cerebro.
Los trasplantes de córnea ya pueden mejorar la visión cuando se daña la superficie transparente frontal, pero reemplazar la retina todavía presenta dificultades mucho mayores.
Ese tejido pertenece al sistema nervioso central y comienza a deteriorarse muy pronto cuando deja de recibir sangre, oxígeno y nutrientes de manera adecuada y constante.
En 2023, médicos realizaron un trasplante parcial de rostro junto con un ojo completo, aunque el procedimiento no consiguió devolver visión alguna al paciente.
Uno de los principales obstáculos fue la isquemia, el daño que aparece cuando los tejidos dejan de recibir suficiente sangre y oxígeno durante un tiempo prolongado.
Para reducir ese problema, científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología de Barcelona diseñaron un sistema que imita varias condiciones internas normales dentro del cuerpo.
El equipo introdujo un tubo flexible en la arteria oftálmica, responsable de llevar sangre al ojo y a varias estructuras cercanas que lo rodean directamente.
Después hicieron circular una solución oxigenada mediante un dispositivo llamado Eye-in-Care-Box, equipado con sensores que ajustan automáticamente la presión y el flujo ocular interno.
En una primera prueba utilizaron ambos ojos de seis donantes, conectando uno al sistema y dejando el otro sin recibir esa circulación artificial continua.
Los ojos tratados conservaron mejor la retina y las células cercanas durante veinticuatro horas, mientras los demás comenzaron a deteriorarse mucho más rápidamente después.
Luego probaron otros treinta y seis ojos donados y encontraron que quince retinas todavía producían señales eléctricas claras cuando recibían estímulos de luz controlados.
Esas respuestas se parecían a las registradas en personas vivas y continuaron durante diez horas, frente a las cinco horas similares logradas anteriormente por otros equipos.
Sin embargo, los investigadores aún no saben por qué los otros veintiún ojos tratados no mostraron ninguna reacción eléctrica visible comparable ante la luz aplicada.
Mantener el ojo saludable tampoco resuelve correctamente el reto principal: regenerar el nervio óptico y conectarlo nuevamente con las zonas visuales del cerebro humano.
Sin esa conexión, el ojo podría detectar luz, pero no enviaría imágenes. Aun así, esta tecnología puede mejorar trasplantes, pruebas médicas y estudios sobre visión.
