La nave más lejana de la Tierra, la sonda Voyager 1, acaba de apagar otro de sus instrumentos científicos para ahorrar energía.
La decisión no se tomó porque el instrumento fallara, sino porque la nave ya tiene muy poca electricidad disponible después de casi 50 años.
El instrumento apagado se llama Low-Energy Charged Particles, o LECP, y servía para estudiar partículas del viento solar y del espacio interestelar.
En pocas palabras, NASA sacrificó una parte de la misión para que Voyager 1 pueda seguir funcionando un poco más.
Voyager 1, igual que su hermana Voyager 2, obtiene energía de tres generadores termoeléctricos de radioisótopos, conocidos como RTG.
Estos dispositivos convierten en electricidad el calor producido por la desintegración del plutonio-238. Pero esa fuente se debilita lentamente con los años.
Desde 1977, los RTG han alimentado a Voyager casi sin descanso. Ahora producen menos de la mitad de la energía original.
La potencia de Voyager 1 cae aproximadamente cuatro vatios por año. En una nave tan vieja, cada watt cuenta muchísimo.
Por eso los ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA enviaron el comando de apagado el 17 de abril.
No fue el primer recorte. En febrero de 2025 también apagaron el subsistema de rayos cósmicos de Voyager 1.
Mucho antes ya habían apagado otros instrumentos, como las cámaras, el espectrómetro ultravioleta y varios sistemas que dejaron de usarse desde 1990.
Ahora la situación es más delicada. El equipo debe ahorrar energía sin permitir que se congelen líneas internas esenciales para la nave.
El problema se volvió más urgente después de una caída inesperada de energía durante una maniobra programada el 27 de febrero.
Si la potencia baja demasiado, Voyager puede activar automáticamente un sistema de protección que apaga instrumentos para evitar daños mayores.
Eso obligaría a NASA a iniciar un proceso largo de recuperación. Y con Voyager 1, nada ocurre rápido.
La nave está a unos 25 mil millones de kilómetros de la Tierra. Un comando tarda unas 23 horas en llegar.
Además, la secuencia de instrucciones puede tomar más de tres horas en completarse. Cualquier error significa esperar muchísimo para corregirlo.
Apagar el LECP no fue una decisión fácil. Ese instrumento trabajó casi sin interrupción desde el lanzamiento de las sondas en 1977.
Desde que Voyager 1 salió del Sistema Solar, el LECP entregó datos cruciales sobre el medio interestelar, esa región entre las estrellas.
También ayudó a detectar frentes de presión y cambios en la densidad de partículas más allá de la heliosfera.
La heliosfera es una burbuja creada por el viento solar que protege al Sistema Solar de parte de la radiación cósmica.
Voyager 1 y Voyager 2 son las únicas naves humanas que han llegado tan lejos y pueden estudiar directamente esa frontera.
Por suerte, el equipo ya tenía un plan sobre qué instrumentos apagar y en qué orden hacerlo.
En Voyager 1, el LECP era el siguiente en la lista. En Voyager 2 ya lo habían apagado en marzo de 2025.
Voyager 1 todavía mantiene dos instrumentos científicos activos: uno escucha ondas de plasma y otro mide campos magnéticos.
Ambos siguen enviando datos desde una zona del espacio que ninguna otra nave humana ha explorado de forma directa.
Curiosamente, un pequeño motor del LECP seguirá encendido. Eso permitiría reactivar el instrumento si NASA logra liberar más energía.
Mientras tanto, los ingenieros preparan una estrategia mayor llamada “Big Bang”, pensada para extender la vida de ambas misiones.
El plan consiste en apagar varios dispositivos al mismo tiempo y activar alternativas de bajo consumo para mantener la nave lo bastante caliente.
NASA probará primero esta estrategia en Voyager 2, porque tiene un poco más de energía y está más cerca de la Tierra.
Si las pruebas de mayo y junio salen bien, podrían aplicarla en Voyager 1 a partir de julio.
