La NASA ya dio otro paso importante para mandar una nave voladora a otro mundo. Esta vez no se trata de Marte, sino de Titán, la luna más grande de Saturno.
En el Laboratorio de Física Aplicada Johns Hopkins, en Maryland, los técnicos ya empezaron a construir y probar Dragonfly, una misión que despegaría hacia Titán en 2028.
Este momento es importante porque marca el inicio real del sistema de vuelo. Durante años, la misión existió sobre pantallas, planos, simulaciones y pruebas de laboratorio.
Ahora Dragonfly empieza a convertirse en una nave de verdad. Y no es cualquier nave: será un vehículo del tamaño de un auto, capaz de volar en otro mundo.
Será además la segunda aeronave de rotor que explore los cielos de un cuerpo fuera de la Tierra. La primera fue Ingenuity, el pequeño helicóptero que voló en Marte.
Pero Dragonfly juega en otra liga. Ingenuity era del tamaño de una caja de pañuelos, funcionaba con energía solar y nació como una demostración tecnológica relativamente pequeña.
Dragonfly será mucho más grande, usará energía nuclear en lugar de paneles solares y forma parte de una misión científica completa, con un costo de unos 3.35 mil millones de dólares.
La elección de energía nuclear no es un lujo. En Titán, la luz solar es demasiado débil como para depender de paneles solares como se hizo en Marte.
Titán es un destino muy atractivo para la ciencia. Es la luna más grande de Saturno y la segunda más grande del sistema solar, solo detrás de Ganímedes.
A los investigadores les interesa mucho porque creen que allí existen moléculas precursoras de la vida, es decir, compuestos químicos que podrían ayudar a entender cómo empezó todo.
Además, Titán casi no ha sido explorado de cerca. La única visita directa fue la de la sonda europea Huygens, que descendió allí en enero de 2005.
Huygens apenas sobrevivió unas horas en la atmósfera y la superficie de Titán. Dragonfly, en cambio, quiere hacer mucho más que llegar y resistir un rato.
La idea es aterrizar y luego volar entre distintos lugares para estudiar la química, la geología y la atmósfera de esa luna helada.
Con eso, la NASA espera entender mejor no solo cómo es Titán, sino también qué pistas puede guardar sobre el origen químico de la vida.
Por ahora, el trabajo se centra en poner a punto las piezas fundamentales. Las primeras pruebas están enfocadas en el módulo electrónico integrado, algo así como el cerebro de la misión.
Ese sistema controla funciones esenciales como la guía, la navegación y el manejo de datos. También están probando unidades encargadas de distribuir y cambiar la energía dentro de la nave.
La fase de integración y pruebas seguirá hasta comienzos de 2027. Después, Dragonfly será enviada a Lockheed Martin Space, en Colorado, para nuevas evaluaciones del sistema completo.
Más adelante volverá brevemente al laboratorio Johns Hopkins para comprobar cómo responderá al ambiente del espacio antes del viaje de lanzamiento.
Si todo sigue el calendario actual, la nave llegará al Centro Espacial Kennedy no antes de la primavera de 2028 y despegará en un cohete Falcon Heavy de SpaceX.
También están probando la carcasa que protegerá a Dragonfly durante el viaje espacial. Esa cubierta ya pasó evaluaciones aerodinámicas en túneles de viento de la NASA.
Además, el equipo trabaja en una espuma aislante para evitar que la nave se congele en la atmósfera extremadamente fría de Titán, junto con instrumentos científicos y sistemas de radio.
Todavía faltan varios años para el lanzamiento, pero entrar en esta etapa cambia todo. Dragonfly dejó de ser solo un concepto y empezó a convertirse en una misión real.
