Elegir una ensalada en vez de una hamburguesa podría depender un poco de la música que suena alrededor, según una nueva investigación sobre alimentación.
El estudio, publicado en npj Science of Food, analizó si distintos tipos de música podían influir sutilmente en nuestras decisiones cuando elegimos qué comer.
Los investigadores se fijaron especialmente en el nivel de activación que produce la música, es decir, si resulta tranquila y relajante o intensa y estimulante.
Para comprobarlo realizaron cuatro experimentos: uno dentro de una cafetería universitaria de Macao y otros tres mediante escenarios simulados que representaban distintos restaurantes.
En la cafetería alternaron durante ocho días laborales entre música de baja activación y música más estimulante, mientras registraban los alimentos comprados por los clientes.
En total se vendieron 911 productos, y los días con música tranquila aumentó la proporción de compras consideradas saludables frente a los días estimulantes.
Con música de baja activación, el 18,94 por ciento de las compras fueron saludables, mientras que con música intensa cifra cayó al 13,59 por ciento.
Después, el equipo probó la idea en escenarios controlados, donde los participantes observaban menús saludables mientras escuchaban versiones tranquilas o estimulantes de distintos estilos musicales.
En una prueba utilizaron hip hop y encontraron que la música menos estimulante aumentaba la intención declarada de consumir los platos saludables mostrados en el menú.
Algo parecido ocurrió con el jazz: quienes escuchaban la versión más relajada mostraban una intención mayor de elegir la comida saludable que quienes oían música intensa.
Los investigadores también añadieron ruido ambiental para hacer otra situación más realista, y nuevamente la música tranquila produjo una mayor intención de consumir opciones saludables.
Esto no significa que exista un género musical mágico para comer mejor. El factor importante parece ser cuánta activación o excitación genera la música escuchada.
Las piezas consideradas tranquilas suelen tener tempo más lento, menor volumen, sonidos menos agresivos y una sensación general más relajada que las piezas altamente estimulantes.
Los autores proponen que ese ambiente tranquilo hace que una comida saludable parezca encajar mejor con el entorno, facilitando que la persona considere elegir esa alternativa.
También observaron algo llamado comprensión percibida: con música relajada, los participantes sentían que el ambiente, el menú y la experiencia combinaban de manera más coherente.
Cuando una situación parece coherente, explican los investigadores, las personas pueden mostrar menos resistencia mental y formar actitudes más favorables hacia la opción presentada ante ellas.
Los resultados podrían resultar útiles para restaurantes, cafeterías y comercios que quieran favorecer elecciones saludables sin recurrir constantemente a mensajes directos diciéndoles qué deben comer.
Sin embargo, el estudio no demuestra que escuchar música tranquila vaya automáticamente a mejorar tu dieta ni que funcione igual en cualquier cultura o contexto.
Parte de la evidencia procede de intenciones declaradas en escenarios simulados, y el experimento con compras reales se realizó solamente en una cafetería universitaria de Macao.
Por ahora, los resultados sugieren algo más modesto: el ambiente sonoro puede acompañar nuestras decisiones alimentarias y modificar ligeramente qué opciones nos resultan más atractivas.
