Algo extraño ocurre cerca del centro de la Vía Láctea. Desde hace décadas, los astrónomos detectan enormes cantidades de antimateria que todavía no logran explicar.
Esa antimateria aparece como positrones, partículas parecidas a los electrones, pero con carga opuesta. Cuando ambas se encuentran, desaparecen y liberan rayos gamma.
La señal tiene una energía muy específica, de 511 kiloelectronvoltios, y permite rastrear los lugares donde materia y antimateria se destruyen mutuamente en el espacio.
El problema es que fuentes conocidas, como explosiones estelares, agujeros negros y estrellas de neutrones, no parecen producir suficientes positrones para explicar las observaciones actuales.
Una investigación publicada en la revista Astronomy & Astrophysics podría complicar todavía más el misterio, porque reporta indicios de aniquilación fuera de nuestra galaxia.
Los investigadores analizaron todos los datos reunidos por el telescopio espacial INTEGRAL, que observó el cielo en rayos gamma durante más de veinte años.
Mientras preparaban los mapas más detallados de esta señal, encontraron emisiones débiles en regiones situadas más allá del disco principal de la Vía Láctea.
La señal más convincente apareció en el Complejo C, una enorme nube de hidrógeno que cae lentamente hacia el disco de nuestra galaxia desde el exterior.
También surgió otra señal posible en la Corriente de Magallanes, una larga franja de gas asociada con las Nubes de Magallanes, vecinas de la Vía Láctea.
Ninguna de esas regiones debería fabricar muchos positrones por sí misma, así que las partículas podrían haber viajado hasta allí antes de desaparecer por completo.
Eso plantea una dificultad adicional. Para aniquilarse con electrones, los positrones deben moverse lentamente, pero así no podrían escapar fácilmente de nuestra galaxia por completo.
La explicación propuesta es que una parte sale con mucha energía, cruza grandes distancias y después pierde velocidad dentro de esas nubes de gas interestelar.
Si realmente ocurre, la Vía Láctea estaría produciendo muchos más positrones de los calculados, porque actualmente solo contamos aquellos que desaparecen dentro de ella.
Los autores estiman una producción cercana a cien tredecillones de positrones por segundo, entre dos y tres veces más que algunas estimaciones anteriores disponibles hoy.
Esa cantidad dejaría a las explicaciones convencionales todavía más cortas y obligaría a buscar fuentes desconocidas o mecanismos físicos que aún no comprendemos por completo.
Incluso podrían considerarse ciertos modelos de materia oscura ligera, aunque esa posibilidad sigue siendo especulativa y no representa todavía una explicación demostrada por la ciencia.
La detección más fuerte alcanzó cuatro sigma, lo que significa que difícilmente sería una casualidad estadística, pero aún no cumple el nivel oficial exigido para anunciarla.
En física suelen pedir cinco sigma para anunciar un descubrimiento, por lo que todavía hacen falta observaciones independientes que confirmen correctamente la intensidad real de la señal.
La misión COSI de la NASA, prevista para 2027, podrá estudiar estas señales débiles y ayudar a localizar mejor el origen de los positrones cósmicos detectados.
Si confirma las emisiones exteriores, el misterio crecerá: la galaxia produciría más antimateria de la que vemos y algunas partículas escaparían antes de destruirse finalmente.
