Los paneles solares suelen estar asociados con techos, desiertos o grandes parques fotovoltaicos. Pero un grupo de científicos acaba de llevarlos a un lugar bastante menos habitual: 10 metros bajo el mar.
El equipo demostró que unas celdas solares pueden producir electricidad a esa profundidad y funcionar durante largos periodos bajo el agua. Los resultados, publicados en la revista Joule, muestran que los dispositivos generaron 324 miliwatios-hora de electricidad durante dos horas de iluminación submarina. Según las pruebas realizadas, además, podrían mantenerse operativos durante unos 5,5 años a 10 metros de profundidad.
Tecnología submarina
La idea tiene una utilidad bastante concreta. En el futuro, estas celdas podrían alimentar sensores, cámaras y sistemas de comunicación instalados lejos de la costa, donde cambiar baterías o llevar cables resulta complicado.
El problema es que la luz solar desaparece rápidamente a medida que penetra en el agua. Por eso, hasta ahora, la mayoría de experimentos con paneles solares submarinos se habían limitado a profundidades de dos metros o menos.
Para superar esa barrera, investigadores de la Universidad de Yunnan y la Southwest United Graduate School, en China, construyeron primero un sistema de laboratorio capaz de reproducir las condiciones de iluminación que existen a distintas profundidades.
El equipo desarrolló celdas solares de perovskita, un tipo de material que puede aprovechar diferentes partes del espectro de luz. Estas células están diseñadas para captar especialmente la luz entre el azul y el naranja, que consigue penetrar mejor en el agua.
Las pruebas también mostraron una buena resistencia. Después de permanecer 300 días almacenadas en una atmósfera de nitrógeno, las células conservaron alrededor del 96 % de su eficiencia inicial. Además, tras 1.160 horas expuestas a condiciones que simulaban una profundidad de 10 metros, apenas mostraron deterioro.
La verdadera prueba
Luego llegó la prueba en el mundo real. Los investigadores instalaron las celdas en módulos de mayor tamaño y las incorporaron a robots submarinos. Después las sumergieron hasta 10 metros frente a las islas Weizhou, en el mar de China Meridional.
Los resultados confirmaron que los dispositivos podían seguir produciendo electricidad en condiciones reales y durante periodos prolongados.
Ahora el equipo quiere llevar el experimento todavía más abajo. Sus próximos estudios buscarán determinar hasta qué profundidad pueden funcionar estas células y desarrollar métodos estandarizados para probar sistemas fotovoltaicos submarinos.
Si lo consiguen, el fondo marino podría convertirse en un nuevo lugar donde cosechar energía del Sol.
