Un diminuto chip implantado en los ojos de personas con pérdida de visión por degeneración macular asociada a la edad logró algo increíble: devolver la vista central a la mayoría de los pacientes.
El dispositivo se llama PRIMA y fue probado en 17 hospitales europeos. De 32 pacientes, 26 recuperaron visión central tras un año de uso, y muchos incluso pudieron volver a leer.
Este avance, fruto de años de trabajo entre médicos y científicos, marca un paso importante en los tratamientos para la ceguera. José-Alain Sahel, de la Universidad de Pittsburgh, resaltó que nunca antes se habían logrado resultados tan amplios.
Más del 80 % de los pacientes logró reconocer letras y palabras, e incluso algunos leyeron páginas completas. Sahel contó que, cuando comenzó el proyecto junto a Daniel Palanker hace 15 años, algo así era impensable.
PRIMA
La degeneración macular causa la pérdida progresiva de la visión central. La parte afectada, llamada mácula, deja de procesar la luz porque sus células fotorreceptoras mueren, generando una “mancha negra” en el centro del campo visual.
Aunque la visión periférica se mantiene, el daño es devastador. Para quienes padecen esta condición, leer o reconocer rostros se vuelve casi imposible. El sistema PRIMA, ideado por Daniel Palanker de Stanford, busca cambiar eso. Consta de dos partes: un microimplante y unas gafas inteligentes conectadas a un procesador.
El implante, de solo dos milímetros y con 378 píxeles fotovoltaicos, se coloca detrás de la retina, en la zona más dañada. Capta señales infrarrojas y las convierte en impulsos eléctricos.
Las gafas, por su parte, capturan imágenes y las transforman en luz infrarroja invisible al ojo humano, para no interferir con la visión periférica. Luego, esa luz es enviada al chip. El implante convierte esa luz en señales eléctricas que el cerebro interpreta como imágenes. Y, al funcionar con energía lumínica, no necesita baterías externas.
Las pruebas
Durante las pruebas, los pacientes (de unos 79 años) pasaron meses aprendiendo a usar el sistema, enfocando texto y reconociendo patrones visuales. La mayoría mejoró su visión de forma notable.
Una paciente británica contó que antes veía “dos discos negros” y que volver a distinguir letras fue emocionante. Dijo que “es como aprender a leer otra vez”.
Aunque 19 participantes tuvieron efectos secundarios menores, todos conservaron su visión periférica. Por ahora, PRIMA solo funciona en blanco y negro, pero los investigadores ya trabajan en una versión con más resolución y escala de grises para facilitar el reconocimiento facial.
