Hace 1,4 millones de años, ocho homininos caminaron sobre el barro húmedo junto a un antiguo lago de Kenia y dejaron huellas extraordinariamente bien conservadas.
El sedimento cubrió rápidamente aquellas pisadas y guardó una escena breve, pero muy valiosa: varios parientes humanos moviéndose por el mismo lugar casi simultáneamente.
Una investigación publicada en PNAS atribuye las huellas a Paranthropus boisei, una especie de mandíbula poderosa que convivió con integrantes tempranos del género Homo africano.
A diferencia de los huesos, las pisadas muestran comportamientos directos. En este caso concreto, revelan que ocho individuos probablemente avanzaron juntos por la antigua orilla del lago.
Todos parecen haber sido adultos y la mayoría posiblemente eran machos, algo que plantea preguntas muy interesantes sobre la organización social de esta especie desaparecida.
Las huellas también cambiaron bastante lo que creíamos sobre su tamaño. Algunos individuos pudieron alcanzar 1,8 metros de altura y pesar alrededor de 75 kilogramos.
Esas dimensiones se parecen bastante a las de muchas personas actuales y contradicen estimaciones anteriores, que presentaban a Paranthropus boisei como un hominino considerablemente más pequeño.
Durante mucho tiempo, los científicos reconstruyeron esta especie principalmente con cráneos, porque apenas encontraron huesos suficientes del resto de su cuerpo completo y bien conservado.
Su rostro ancho, sus molares enormes y sus fuertes músculos para masticar le dieron el famoso apodo de “hombre cascanueces” entre muchos paleoantropólogos de aquella época.
Sin embargo, conocíamos muy poco sobre su anatomía desde el cuello hacia abajo, por lo que estas pisadas aportan información completamente nueva sobre su cuerpo y locomoción.
Los investigadores identificaron al autor comparando cuidadosamente la forma de los pies y el movimiento registrado en las huellas con métodos desarrollados previamente por el equipo.
Estos análisis permiten diferenciar pisadas de distintas especies. Trabajos anteriores hallaron rastros de Paranthropus boisei y Homo erectus sobre una misma superficie antigua fosilizada.
Eso demostró que ambas especies frecuentaban el mismo ambiente lacustre y posiblemente se encontraban, aunque tenían cráneos, dietas y trayectorias evolutivas muy diferentes entre sí.
Las nuevas huellas muestran otra situación: no registran dos especies cruzándose, sino un grupo de Paranthropus boisei desplazándose aparentemente de manera coordinada por allí.
La ausencia de juveniles y hembras resulta llamativa. Los investigadores plantean que los machos podían competir entre sí, pero también cooperar frente al peligro cercano.
Viajar juntos quizá ofrecía protección ante grandes depredadores o rivales que también acudían al lago, donde encontraban agua, alimento y otros recursos esenciales disponibles.
Aun así, las huellas representan solo unos minutos. No sabemos si esos individuos formaban un grupo estable o coincidieron temporalmente en aquella zona concreta.
El hallazgo convierte a Paranthropus boisei en algo más que un cráneo robusto exhibido en museos: muestra un animal bípedo, activo y posiblemente social también.
En East Turkana ya aparecieron cientos de huellas en más de seis lugares, señal de que varios homininos regresaron durante milenios a esas orillas lacustres.
Cada superficie conserva una pequeña escena cotidiana y, juntas, permiten reconstruir cómo caminaban, cuánto medían, qué ambientes usaban y quiénes podían acompañarlos entonces.
