Aunque el Universo parece estable, algunos físicos se preguntan si quizá vivimos en una calma temporal, no en una estabilidad definitiva.
La idea se llama decaimiento del falso vacío, y es uno de esos conceptos que suenan como pesadilla cuántica.
Un estudio de físicos de la Universidad Tsinghua, publicado en Physical Review Letters, logró simular este fenómeno en laboratorio.
No, no abrieron un agujero capaz de destruir el Universo. Lo que hicieron fue crear un modelo controlado con átomos especiales.
Para entenderlo, pensemos en el vacío. Normalmente imaginamos el vacío como “nada”, pero en física cuántica no funciona así.
El vacío sería el estado de energía más bajo de un campo cuántico. Pero quizá no sea el más bajo posible.
Podría existir un estado todavía más estable. Si una región del espacio cayera allí, formaría una burbuja de nuevo vacío.
Esa burbuja, en algunos escenarios teóricos, se expandiría casi a la velocidad de la luz y cambiaría las leyes físicas.
Suena extremo, pero también es interesante porque conecta dos teorías que todavía no encajan del todo: relatividad y física cuántica.
La relatividad describe muy bien el Universo a gran escala, con gravedad, espacio, tiempo, velocidades enormes y objetos masivos.
La teoría cuántica de campos describe mejor lo diminuto: partículas, campos y procesos que ocurren en escalas atómicas y subatómicas.
El problema aparece cuando ambos mundos se mezclan. Ahí los físicos todavía no tienen una teoría completamente unificada.
Por eso estudian fenómenos como el falso vacío, donde un proceso cuántico podría tener consecuencias cósmicas gigantescas.
La transición comenzaría por túnel cuántico, como si el sistema atravesara una barrera imposible desde la física clásica.
Luego aparecería una burbuja del estado verdadero. Si esa burbuja supera cierto tamaño crítico, empieza a crecer sin detenerse.
Para simular algo parecido, los investigadores usaron átomos de Rydberg, que son átomos excitados con electrones muy alejados del núcleo.
Estos átomos se vuelven enormes para estándares atómicos y reaccionan de forma exagerada, algo muy útil para experimentos cuánticos.
El equipo los acomodó en un anillo, usando átomos que se repelían entre sí y adoptaban patrones alternados de orientación.
Después usaron láseres para romper la simetría del sistema y crear dos estados posibles con energías ligeramente diferentes.
Uno de esos estados representaba el falso vacío. El otro representaba el vacío verdadero, más estable y energéticamente preferido.
Luego observaron cómo el sistema “decaía” hacia el estado preferido, dependiendo de la fuerza del láser usado.
Ese comportamiento coincidió con la idea de nucleación de burbujas: pequeñas regiones que aparecen y empujan la transición completa.
El experimento no prueba que nuestro Universo vaya a cambiar de estado ni permite calcular si ese riesgo es real.
Pero sí confirma predicciones teóricas y ofrece una plataforma para estudiar cómo se comportan estas transiciones extremas.
Tal vez, con modelos así, entendamos mejor qué ocurre en esa frontera extraña donde la física cuántica y la relatividad se cruzan.
