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Europa acaba de presentar un serio rival para la Starship de SpaceX

Starship Test Flight Mission. Credit: SpaceX

En 2023, SpaceX hizo algo que muchos ingenieros aeroespaciales habían imaginado durante décadas, pero que no todos esperaban ver tan pronto.

Starship, un vehículo de acero inoxidable más alto que un edificio de treinta pisos, encendió sus 33 motores y despegó desde Texas.

La prueba no salió perfecta. De hecho, tuvo varios problemas. Pero el cohete abandonó la plataforma, y eso ya marcó un antes y después.

Después llegó una imagen todavía más impresionante: el enorme propulsor Super Heavy regresó y la torre de lanzamiento lo atrapó con sus brazos mecánicos.

Desde ese momento, fue difícil negar que la industria espacial había entrado en una etapa completamente distinta, con reglas nuevas y ambiciones enormes.

Starship está diseñada para llevar más de 100 toneladas métricas a la órbita baja terrestre y, además, hacerlo como un sistema totalmente reutilizable.

Si SpaceX logra cumplir esa promesa, tendría el cohete más potente y más económico jamás construido para lanzar grandes cargas al espacio.

Por eso, la pregunta ya no es si Starship puede cambiar la industria. La pregunta es cómo van a responder todos los demás.

Ahora, investigadores del Centro Aeroespacial Alemán, conocido como DLR, publicaron en CEAS Space Journal uno de los análisis independientes más detallados sobre el rendimiento de Starship.

Lo importante es que no usaron solamente las cifras promocionales de SpaceX. Revisaron transmisiones públicas de los primeros cuatro vuelos integrados.

A partir de esas imágenes, extrajeron datos de telemetría segundo a segundo y construyeron modelos para estimar mejor sus capacidades reales.

Según el estudio, la versión actual de Starship, funcionando de manera totalmente reutilizable, podría llevar unas 59 toneladas a la órbita baja terrestre.

Eso es más o menos lo que puede hacer un Falcon Heavy si no recupera ninguno de sus propulsores durante la misión.

Pero la siguiente generación, con motores Raptor 3 y tanques más grandes, podría llegar a unas 115 toneladas en modo reutilizable.

Y si volara como cohete desechable, sin recuperar partes, podría alcanzar unas 188 toneladas, superando incluso al Saturn V del programa Apolo.

Pero el estudio no solo analiza a Starship. También propone una alternativa europea llamada RLV C5, capaz de lanzar más de 70 toneladas.

La idea combina una primera etapa reutilizable con alas, inspirada en el proyecto SpaceLiner, y una etapa superior desechable para maximizar carga.

A diferencia de Starship, este sistema usaría hidrógeno líquido y oxígeno líquido, una combinación más eficiente que el metano y oxígeno de SpaceX.

Y tampoco aterrizaría verticalmente. Su propulsor volvería planeando por la atmósfera, como un avión, hasta ser capturado en pleno vuelo.

Suena rarísimo, pero los investigadores dicen que tiene una ventaja enorme: no necesita guardar combustible para frenar y aterrizar con motores.

Eso significa que una mayor parte del combustible sirve para llegar a órbita, no para recuperar el vehículo al final del vuelo.

Starship, en cambio, paga un precio por su reutilización total: escudo térmico, combustible de aterrizaje, refuerzos estructurales y sistemas adicionales.

Por eso, aunque Starship es mucho más grande, el RLV C5 sería más eficiente en la proporción de masa útil que coloca en órbita.

Los investigadores no plantean esto como una pelea directa. Starship serviría mejor para bases lunares, misiones a Marte o constelaciones gigantes.

El RLV C5 cubriría otra necesidad: que Europa tenga acceso independiente a lanzamientos superpesados sin desarrollar de inmediato un sistema totalmente reutilizable.

Claro, hay una diferencia enorme. Starship ya vuela, aunque todavía falle. El RLV C5, por ahora, solo existe en estudios.

Y eso importa mucho. Pasar del papel al hardware real puede tomar años, miles de millones y muchos problemas técnicos inesperados.

Incluso Starship todavía debe resolver su gran reto: reutilizarse rápido y de manera confiable, especialmente después de sufrir daños durante el reingreso.

Aun así, el mensaje del estudio es claro. Europa no necesita copiar a SpaceX punto por punto para competir en el futuro.

A veces, el camino más inteligente no es construir el cohete más grande, sino diseñar uno suficientemente potente, eficiente y posible.

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