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Es peor de lo que pensábamos: los “químicos eternos” son mucho más ácidos de lo que se creía anteriormente

Los llamados “químicos eternos”, conocidos como PFAS, son un dolor de cabeza ambiental. Se quedan en el agua, el suelo y hasta en nuestro cuerpo porque son increíblemente persistentes.

Esa persistencia está relacionada con su acidez. Muchos PFAS son tan ácidos que sueltan protones fácilmente, lo que les da carga negativa y les permite disolverse en agua y moverse sin problemas.

Un estudio reciente de la Universidad de Buffalo muestra que algunos PFAS son incluso más ácidos de lo que se pensaba. Y eso cambia cómo entendemos su impacto en salud y ambiente.

El trabajo, publicado en Environmental Science & Technology Letters, midió la acidez de diez tipos de PFAS y tres de sus productos de degradación usando un método experimental mucho más riguroso.

Los resultados revelaron que los valores de pKa, que indican la tendencia de una sustancia a liberar protones, eran más bajos y, en algunos casos, muchísimo más bajos que estimaciones anteriores.

Por ejemplo, el pKa de GenX, un sustituto del PFOA usado en la producción de Teflón, resultó ser mil veces menor que lo registrado antes. Eso lo vuelve altamente móvil.

Alexander Hoepker, autor principal, explica que las mediciones anteriores subestimaron la acidez de estos químicos. Eso significa que también se malinterpretó su capacidad de dispersión y persistencia ambiental.

El valor de pKa determina si un PFAS permanece disuelto en agua, se pega al suelo o atraviesa membranas biológicas. Con datos más precisos, podemos predecir mejor su comportamiento.

El problema era que medir pKa en PFAS es complicado. Estas moléculas tienden a pegarse al vidrio y eso falsea los resultados en los métodos tradicionales de laboratorio.

Para evitarlo, el equipo usó espectroscopía de resonancia magnética nuclear (NMR), una técnica similar a una resonancia médica, pero aplicada a átomos. Así identificaron si un PFAS estaba cargado o no.

Con este enfoque, lograron superar errores comunes y obtener valores mucho más confiables. Incluso combinaron los experimentos con cálculos de química computacional para reforzar sus conclusiones.

El caso más complicado era el PFOA, prohibido por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. en 2022. Su pKa ahora se estima en –0.27, extremadamente ácido y siempre cargado.

Antes, otros estudios habían dado valores mucho más altos, entre 1 y 3.8. Esa diferencia cambia por completo las predicciones sobre cómo viaja y dónde se acumula el PFOA.

También revisaron el ácido trifluoroacético (TFA), cada vez más detectado en aguas de lluvia. Descubrieron que es más ácido de lo que se creía, con un pKa cercano a 0.03.

Incluso midieron compuestos emergentes como 5:3 FTCA y PFAS éteres modernos como NFDHA y PFMPA, que podrían convertirse en futuros dolores de cabeza regulatorios por sus posibles riesgos de salud.

Diana Aga, coautora, asegura que este método ayudará a validar modelos computacionales, entrenar inteligencia artificial y diseñar mejores estrategias de remediación y evaluación de riesgos frente a los PFAS.

Con estas mediciones más exactas, los científicos tienen una herramienta poderosa para entender cómo se mueven los “químicos eternos” y cómo reducir su impacto en el planeta y en nosotros.

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