Un grupo de científicos ha descubierto una reacción química que podría ayudar a explicar cómo surgieron las primeras moléculas necesarias para la aparición de la vida.
El hallazgo tiene que ver con un azúcar llamado ribosa y un elemento químico conocido como boro, que podrían haberse ayudado mutuamente hace miles de millones de años.
La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, fue publicada en la revista científica Scientific Reports.
Para comprender su importancia, primero debemos conocer la ribosa, un azúcar que forma parte del ARN, una molécula fundamental para el funcionamiento de los seres vivos.
El ARN participa en la transmisión de información genética y en la fabricación de proteínas, aunque algunos científicos creen que también pudo desempeñar funciones importantes antes de aparecer las primeras células.
Esta posibilidad forma parte de la hipótesis del mundo de ARN, según la cual moléculas parecidas al ARN pudieron participar en las primeras etapas de la vida.
Pero existe un problema importante: la ribosa es bastante inestable. Cuando se expone al calor y determinadas condiciones químicas, puede degradarse y perder sus propiedades.
Eso plantea una pregunta: ¿cómo pudo sobrevivir suficiente ribosa en la Tierra primitiva para participar en la formación de moléculas más complejas?
Los científicos saben que algunos compuestos del boro pueden proteger la ribosa y evitar que se descomponga rápidamente. Sin embargo, existe otra dificultad.
El boro también puede quedar atrapado en minerales poco solubles, especialmente cuando interactúa con el calcio, dificultando su disponibilidad en el agua.
Para investigar este problema, los científicos realizaron experimentos utilizando cuatro minerales que contienen boro, incluidos algunos presentes naturalmente en ambientes geológicos terrestres.
Introdujeron estos minerales en agua y compararon cuánto boro se disolvía cuando añadían ribosa y cuando dejaban las muestras sin este azúcar.
Los resultados mostraron que la ribosa facilitaba la liberación del boro atrapado en los minerales, especialmente aquellos que también contenían calcio.
Después utilizaron una muestra mineral procedente de un sistema hidrotermal de Ladakh, en India, un ambiente que presenta algunas características potencialmente relevantes para estudiar la Tierra primitiva.
Cuando añadieron ribosa al agua que contenía esta muestra, la cantidad de boro disuelto aumentó aproximadamente un 60 % respecto al experimento sin ribosa.
Aquí aparece el descubrimiento más llamativo: la ribosa puede ayudar a liberar el boro, mientras que ciertos compuestos del boro pueden proteger la propia ribosa.
De esta manera, ambos podrían participar en un ciclo químico favorable, donde la presencia de uno facilitaría la conservación del otro.
Los investigadores también comprobaron que otros azúcares, como la glucosa y la sacarosa, podían liberar boro, aunque generalmente resultaban menos eficaces que la ribosa.
Además, encontraron que demasiado boro podría dificultar la formación inicial de ribosa, por lo que las cantidades presentes en el ambiente habrían sido importantes.
El calcio incluso pudo desempeñar un papel beneficioso al mantener limitado el boro disponible antes de que comenzaran las interacciones entre ambos compuestos.
Sin embargo, estos experimentos no demuestran que la vida surgiera mediante este mecanismo. Solamente muestran una interacción química que pudo favorecer ciertas condiciones.
Los científicos todavía necesitan investigar si este proceso podía mantenerse en ambientes naturales antiguos y contribuir realmente a la formación de moléculas relacionadas con el origen de la vida.
Lo que sí demuestra el trabajo es que sustancias relativamente sencillas pueden interactuar de maneras que favorecen su propia disponibilidad y estabilidad química.





