En una enorme región del fondo del océano Pacífico, científicos encontraron casi 12.000 tipos de virus, y alrededor del 99 % eran desconocidos para la ciencia.
El hallazgo ocurrió en la zona Clarion-Clipperton, una extensa franja del océano profundo situada entre Hawái y México que despierta mucho interés minero.
Allí existe la mayor concentración conocida de nódulos polimetálicos, pequeñas estructuras rocosas que contienen manganeso, cobalto, níquel, litio, zinc y otros metales valiosos.
Esos materiales pueden utilizarse para fabricar productos electrónicos y baterías, por lo que varios países y compañías estudian la posibilidad de extraerlos comercialmente.
Pero esos mismos nódulos también forman parte del hábitat de numerosos organismos que viven a miles de metros de profundidad en condiciones extremadamente particulares.
El nuevo trabajo, publicado en Nature Communications, buscó conocer mejor uno de los componentes menos visibles de ese ecosistema: los virus presentes entre los sedimentos.
Los investigadores analizaron muestras extraídas del fondo marino durante expediciones realizadas en 2023 y 2024, antes de que comenzara cualquier posible explotación minera comercial.
Después extrajeron ADN y ARN de esas muestras y utilizaron técnicas de secuenciación para identificar las diferentes comunidades virales presentes en los sedimentos.
En total encontraron 11.742 grupos distintos de virus. Cuando los compararon con bases de datos conocidas, descubrieron que aproximadamente el 99 % era nuevo.
Además, esas comunidades virales mostraban muy poca coincidencia con las encontradas anteriormente en otras regiones profundas del océano estudiadas por los científicos.
Encontrar virus allí no significa necesariamente descubrir nuevas amenazas para los humanos. Muchos de estos virus parecen infectar principalmente bacterias y arqueas del fondo marino.
Las arqueas son microorganismos unicelulares parecidos superficialmente a las bacterias, aunque pertenecen a otra rama de la vida y poseen características biológicas diferentes.
Estos microorganismos ayudan a mover elementos como carbono, nitrógeno, fósforo y azufre a través del ecosistema, además de participar en procesos relacionados con metales.
Los virus pueden modificar el funcionamiento de las células que infectan y, por eso, también podrían influir indirectamente en esos ciclos químicos del fondo oceánico.
Los investigadores encontraron genes virales que podrían alterar el metabolismo de sus microorganismos huéspedes y ayudarlos a responder a ambientes con grandes concentraciones de metales.
Esto convierte a los virus en posibles participantes de procesos ecológicos que hasta ahora habían recibido poca atención en las regiones ricas en nódulos polimetálicos.
El descubrimiento también importa porque la zona Clarion-Clipperton concentra buena parte de los permisos internacionales actuales para explorar posibles operaciones de minería en aguas profundas.
Extraer los nódulos removería grandes cantidades de sedimento, levantaría partículas y volvería a depositarlas, alterando físicamente comunidades que pueden tardar mucho tiempo en recuperarse.
Experimentos anteriores indican que algunas alteraciones causadas en estos fondos pueden seguir siendo detectables décadas después de que ocurrió la perturbación inicial.
Los científicos todavía desconocen cómo responderían estas comunidades virales y sus microorganismos huéspedes si comenzara una explotación minera a gran escala en esa región.
Por eso, este catálogo funciona como una referencia del ecosistema antes de posibles operaciones mineras y permitirá comparar qué cambia después de cualquier perturbación futura.
El estudio muestra que debajo de una región conocida principalmente por sus minerales existe también una enorme diversidad microscópica que apenas estamos empezando a conocer.
