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Encuentran el ámbar más antiguo del mundo: es 150 millones de años anterior a los dinosaurios

Uno de los fragmentos incrustados en el carbón circundante. (Luo et al., Sci. Adv., 2026)

Solemos pensar que la resina apareció como defensa contra insectos hambrientos, pero un hallazgo en China indica que su historia comenzó muchísimo antes de ellos.

Paleontólogos encontraron cientos de fragmentos microscópicos de ámbar dentro de una capa de carbón situada en el extremo noroeste del territorio chino actual y remoto.

Las piezas tienen unos 385 millones de años, lo que adelanta el registro conocido del ámbar en aproximadamente 65 millones de años completos, nada menos.

También son unos 150 millones de años anteriores a los primeros dinosaurios, cuando los insectos todavía no dominaban la alimentación basada en plantas terrestres primitivas.

Los resultados, publicados en la revista Science Advances, muestran que plantas vasculares sin semillas ya producían resinas químicamente complejas durante el Devónico medio temprano.

El ámbar se forma cuando la resina vegetal se endurece y fosiliza durante millones de años, hasta convertirse en un material resistente, translúcido y duradero.

Además de su apariencia, puede conservar polen, fragmentos de plantas, insectos e incluso pequeños vertebrados con un nivel extraordinario de detalle interno y externo.

Por eso resulta tan valioso para reconstruir antiguos ecosistemas, aunque también ofrece información directa sobre la evolución y las defensas de las plantas primitivas terrestres.

Este descubrimiento demuestra que la fabricación de resina apareció antes de que surgieran y se diversificaran las plantas con semillas en los continentes terrestres del planeta.

Esa capacidad pudo acompañar otras innovaciones importantes, como la madera, las hojas, los árboles más altos y los sistemas de raíces profundas y resistentes.

Los investigadores no encontraron grandes piezas doradas, sino 241 fragmentos diminutos, de entre 0,1 y 1,5 milímetros, mezclados entre diez kilogramos de carbón antiguo.

Para localizarlos utilizaron luz ultravioleta, porque las partículas brillaban sobre la roca oscura, cuya antigüedad ya estaba bien establecida mediante estudios geológicos previos muy precisos.

Al principio evitaron llamarlas ámbar, ya que una identificación tan antigua resultaba extraordinaria y podía confundirse fácilmente con otras sustancias orgánicas presentes allí naturalmente.

El equipo aplicó pruebas ópticas, espectroscopia infrarroja y análisis de masas antes de confirmar que las partículas tenían las características químicas propias de resinas vegetales complejas.

Aunque no pudieron identificar la especie exacta que produjo aquella sustancia, comprobaron que su composición se parecía a ciertas resinas asociadas actualmente con coníferas modernas.

En aquel mundo todavía no existían grandes bosques modernos, pero los incendios, los hongos parásitos y algunos artrópodos ya amenazaban seriamente a las plantas.

La resina pudo surgir como protección frente a esas amenazas, ayudando a cerrar heridas y dificultando el avance de microorganismos dañinos sobre los tejidos vegetales.

El carbón que contenía el ámbar se formó en un ambiente húmedo, rico en materia orgánica y cubierto por grupos dispersos de vegetación primitiva terrestre.

Era una etapa decisiva, cuando las plantas crecían más, desarrollaban madera y raíces profundas, y comenzaban a transformar físicamente los paisajes continentales para siempre.

Los científicos creen que puede existir ámbar todavía más antiguo, oculto en rocas y carbones donde sus partículas microscópicas fueron confundidas con materia orgánica común.

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