La gravedad de la Luna y el Sol no solo mueve los océanos. También estira ligeramente la corteza terrestre y puede influir en algunas fallas.
Estas pequeñas deformaciones reciben el nombre de mareas terrestres y generan cambios de presión diminutos, normalmente demasiado débiles para producir un terremoto por sí solos.
Sin embargo, los científicos saben desde hace tiempo que ciertos terremotos lentos aparecen con mayor frecuencia en momentos específicos de los ciclos de marea.
Los terremotos lentos son deslizamientos de fallas que liberan energía durante horas, días o incluso semanas, en vez de hacerlo bruscamente en segundos.
Un trabajo publicado en Journal of Geophysical Research: Solid Earth propone una explicación de cómo fuerzas tan pequeñas podrían conseguir activar estos movimientos.
Los investigadores utilizaron un modelo informático sencillo que representa una falla mediante un bloque conectado a un resorte y sometido a diferentes fuerzas.
El modelo también incorporó cómo cambia la fricción mientras una falla comienza a deslizarse, intentando representar de manera simplificada el comportamiento de rocas reales.
Después aplicaron pequeñas fuerzas periódicas equivalentes a las variaciones de tensión producidas por la atracción gravitatoria del Sol y de la Luna.
Descubrieron que una falla puede responder con mucha más fuerza cuando el ritmo de estas mareas coincide aproximadamente con su propio tiempo natural de respuesta.
El efecto se parece a empujar un columpio. Pequeños impulsos pueden generar movimientos mayores cuando llegan repetidamente en el momento adecuado.
Los investigadores describen este fenómeno como un efecto parecido a la resonancia, aunque ocurre dentro de un sistema de fricción mucho más complejo.
Las tensiones producidas por las mareas son extremadamente pequeñas, del orden de unos pocos kilopascales, comparables aproximadamente con una presión suave sobre una superficie.
Aun así, una falla que ya se encuentra en condiciones muy sensibles puede responder considerablemente a esos pequeños cambios periódicos de tensión.
Las simulaciones mostraron que estas fuerzas podían producir deslizamientos regulares, pero también secuencias mucho más complicadas dependiendo de las características de la falla.
Dos factores resultaron especialmente importantes: cuánto dura cada ciclo de la fuerza aplicada y qué intensidad tiene esa pequeña perturbación periódica.
Cuando aumentaba la intensidad de las fuerzas simuladas, algunos movimientos pasaban de ser deslizamientos lentos a eventos considerablemente más rápidos.
El momento del deslizamiento también cambiaba dependiendo del período de las mareas y de la rapidez con la que variaba la tensión aplicada.
Esto podría explicar por qué distintas fallas muestran relaciones diferentes entre sus terremotos lentos y determinadas fases de las mareas terrestres.
Los resultados también podrían ayudar a los geólogos a utilizar estos pequeños movimientos para deducir propiedades difíciles de medir directamente dentro de una falla.
Por ejemplo, observar cómo responde una zona a las mareas podría aportar información sobre su fricción y la distancia necesaria para debilitarse durante el deslizamiento.
Pero el estudio no significa que una Luna llena provoque terremotos grandes ni permite utilizar las fases lunares para predecir terremotos destructivos.
El trabajo utiliza un modelo matemático simplificado y se concentra principalmente en fallas que producen terremotos lentos bajo condiciones físicas bastante específicas.
Las fallas naturales contienen líquidos, temperaturas variables, estructuras irregulares y muchas otras características que pueden hacer su comportamiento considerablemente más complicado que una simulación.
La propuesta explica cómo una fuerza minúscula puede actuar como último empujón cuando una falla ya está preparada para moverse bajo las condiciones adecuadas.
Así, la Luna y el Sol no aportarían toda la energía del terremoto: simplemente podrían modificar el momento exacto en que comienza determinado deslizamiento.
