Aunque tenemos telescopios súper potentes, los rincones más lejanos del Sistema Solar siguen siendo un misterio. Ahí, la luz del Sol apenas llega y hay pistas de que algo más se esconde.
En esas zonas oscuras, los astrónomos han encontrado objetos antiguos con órbitas extrañas. Y esas órbitas parecen insinuar que hay otros cuerpos aún no descubiertos por ahí.
A diferencia de un cometa brillante o una supernova, estos objetos no se anuncian a lo grande. Solo dejan señales sutiles: una leve desviación en una órbita, un destello fugaz de luz.
Y sin embargo, tienen mucho que contarnos sobre el origen del Sistema Solar. Uno de ellos acaba de ser descubierto y es muy especial. Se llama 2023 KQ14, aunque le dicen «Ammonite», como al fósil marino.
Ammonite es un objeto transneptuniano, lo que significa que orbita más allá de Neptuno. Pero también pertenece a un grupo aún más raro: los sednoides, que tienen órbitas súper alargadas y excéntricas.
Este nuevo sednoide es apenas el cuarto que se ha encontrado. El descubrimiento fue publicado en Nature Astronomy por un equipo liderado por Ying-Tung Chen, del Instituto de Astronomía y Astrofísica de Academia Sinica en Taiwán.
Lo detectaron con el Telescopio Subaru en Hawái en 2023, pero no fue suficiente. Tuvieron que hacer más observaciones en 2024 y buscar datos antiguos para confirmar su existencia.
En total, lograron seguir su órbita durante 19 años. Todo fue parte del programa FOSSIL, que busca objetos helados en los confines del Sistema Solar usando una cámara llamada HyperSuprimeCam.
Mediante simulaciones, descubrieron que Ammonite ha tenido una órbita estable desde hace 4.500 millones de años. Y aunque hoy su trayectoria es diferente a la de los otros sednoides, antes eran muy parecidas.
Lo interesante es que Ammonite llena un hueco que existía entre las órbitas de otros objetos lejanos. Los científicos lo llaman el “q-gap”, una región vacía que no entendían bien.
Ese detalle pone en duda la hipótesis del famoso “Planeta Nueve”. Según los autores, si existiera, debería haber afectado a Ammonite también, pero su órbita es distinta.
Algunos piensan que quizá hubo un planeta en el pasado que fue expulsado del Sistema Solar y dejó estas huellas orbitales raras. Otros creen que hubo interacciones con otras estrellas en los inicios del Sol.
Fumi Yoshida, coautor del estudio, dice que Ammonite está tan lejos que ni la gravedad de Neptuno lo afecta. Algo muy raro debió pasar cuando se formó.
Cada vez que se encuentra un nuevo sednoide, se reduce el posible escondite del Planeta Nueve. Ammonite estrecha aún más las opciones.
Y ojo, el Observatorio Vera Rubin acaba de activarse. Hará un mapeo increíble del cielo en los próximos 10 años. Si el Planeta Nueve existe, este telescopio podría finalmente revelarlo.
