El dolor neuropático aparece cuando los nervios sufren daños y siguen enviando señales de dolor incluso después de que la lesión inicial debería haber sanado durante meses o años.
Este problema puede surgir por lesiones, enfermedades o tratamientos contra el cáncer, y muchas veces los analgésicos habituales no consiguen ofrecer un alivio suficiente en muchos casos.
Investigadores del MD Anderson Cancer Center estudiaron una proteína llamada BRAF, conocida principalmente porque ciertas alteraciones en ella participan en el crecimiento de algunos cánceres.
El estudio, publicado en Science Signaling, encontró que BRAF también parece intervenir en los cambios que hacen que el dolor nervioso se vuelva persistente.
Después de una lesión nerviosa, BRAF se desplazó desde células sensoriales periféricas hasta sus terminaciones en la médula espinal, donde modificó la comunicación neuronal.
Allí activó una cadena de señales que aumentó la actividad de los receptores NMDA, unas proteínas que ayudan a las neuronas a comunicarse entre sí.
Cuando estos receptores se vuelven demasiado activos, las señales relacionadas con el dolor pueden amplificarse, haciendo que estímulos normales provoquen respuestas mucho más intensas.
Los investigadores observaron este mecanismo principalmente en modelos animales de lesión nerviosa, utilizando ratones y ratas para seguir cómo cambiaban las señales del dolor.
También analizaron muestras de médula espinal humana y encontraron una relación entre las proteínas de la vía BRAF y los receptores NMDA presentes allí.
Eso reforzó la idea de que este mecanismo podría tener relevancia en humanos, aunque todavía no demuestra que funcione exactamente igual en pacientes vivos.
El equipo probó después dos medicamentos que bloquean partes de esta vía molecular: vemurafenib actúa sobre BRAF y selumetinib bloquea otra proteína llamada MEK.
En los modelos animales con nervios dañados, ambos medicamentos redujeron la sensibilidad excesiva al tacto, la presión y el calor asociada con el dolor neuropático.
Además, los fármacos no cambiaron las respuestas normales ante esos estímulos en animales sin lesiones nerviosas, algo importante para evaluar posibles tratamientos contra el dolor.
Los experimentos genéticos ofrecieron otra pista: al eliminar BRAF de ciertas neuronas sensoriales, la sensibilidad al dolor después de una lesión fue menor y menos duradera.
En cambio, cuando los investigadores activaron BRAF directamente, aparecieron respuestas exageradas al dolor incluso sin una lesión previa en los nervios de los animales.
Esto sugiere que BRAF no solamente aparece como consecuencia del daño, sino que participa activamente en iniciar y mantener las señales anormales del dolor nervioso.
La posibilidad resulta especialmente atractiva porque ya existen inhibidores de BRAF aprobados para tratar ciertos cánceres, por lo que conocemos bastante sobre estos medicamentos actualmente.
Sin embargo, eso no significa que una persona con dolor neuropático pueda empezar a usarlos, porque todavía no se han probado para este propósito clínico.
Antes de realizar ensayos en pacientes, los científicos deben determinar las dosis adecuadas, la forma de administrarlos y los posibles efectos secundarios de este tratamiento.
Si futuros estudios confirman estos resultados en humanos, medicamentos desarrollados originalmente contra el cáncer podrían convertirse en una estrategia diferente para controlar el dolor neuropático crónico.
