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Descubren una especie de mono completamente nueva en la selva del Congo

C. congoensis no parece muy contenta de haber sido descubierta. (Junior Amboko/Universidad Atlántica de Florida)

En pleno siglo XXI, descubrir una nueva especie suele requerir análisis genéticos avanzados, microscopios potentes o expediciones hacia lugares difíciles de alcanzar para cualquier investigador.

Sin embargo, un grupo de primatólogos acaba de confirmar la existencia de un mono que llevaba décadas fuera del registro científico pese a vivir cerca de comunidades humanas.

La especie vive en los bosques húmedos situados entre los ríos Lomami y Congo, en la zona centro-oriental de la República Democrática del Congo.

Incluso las comunidades cercanas rara vez lo veían. Los bangala lo llamaban Likweli, mientras los mituku lo conocían como kasaba nkoni, el sacudidor de ramas.

La primera prueba fotográfica apareció en 2008, cuando conservacionistas lograron captar al animal en una zona que después formaría parte del Parque Nacional Lomami.

Durante años, aquella imagen fue apenas una pista. No había suficientes observaciones, muestras o registros que permitieran confirmar que se trataba de una especie distinta.

La situación cambió en 2018, cuando una patrulla fotografió un mono negro con marcas claras alrededor de la boca y una mancha blanca cerca de la cola.

Su aspecto no coincidía con el de otros monos conocidos en la región, así que los investigadores organizaron nuevas búsquedas junto con asistentes locales experimentados.

Durante los meses siguientes, los equipos documentaron al animal varias veces en diferentes lugares y reunieron fotografías tomadas por patrullas que recorrían el parque.

Entre 2018 y 2022 acumularon 114 observaciones distribuidas en unos 1 700 kilómetros cuadrados, una cantidad suficiente para evaluar sus características físicas, genéticas y sonoras.

Los resultados, publicados en la revista PLOS One, confirmaron que se trataba de una especie completamente nueva, bautizada oficialmente como Colobus congoensis por el equipo científico.

El nombre reconoce la enorme riqueza natural de la cuenca del Congo y destaca la importancia biológica de la República Democrática del Congo ante el mundo.

Este mono tiene pelaje negro, una cola larga y caída, y una corona de pelo puntiagudo que rodea su rostro expresivo y fácil de reconocer.

También presenta ojos oscuros, pómulos marcados y labios rosados o anaranjados, rasgos que ayudan a distinguirlo visualmente de otras especies cercanas del mismo género.

El análisis genético reveló una sorpresa aún mayor: su pariente conocido más cercano vive a más de 1 200 kilómetros, en África occidental y central.

Ambas especies se separaron evolutivamente hace entre cuatro y cinco millones de años, una de las divisiones más antiguas conocidas dentro de este grupo de monos africanos.

Sus sonidos también son diferentes. Seis grabaciones permitieron comprobar que sus rugidos graves tienen una firma acústica propia y reconocible frente a otros colobos.

El descubrimiento ayuda a reconstruir mejor la evolución de los monos africanos y demuestra cuánto queda todavía por documentar en las selvas del continente.

Pero la especie ya enfrenta amenazas. Su territorio es reducido y sufre presión por la pérdida de hábitat y la caza practicada en la región.

Encontrarlo ahora resulta importante porque algunas especies raras podrían desaparecer antes de que la ciencia llegue siquiera a saber que existieron en nuestro planeta.

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