Hoy solemos ver la Amazonía como una selva casi intacta, pero hace unos dos mil años muchas zonas tenían caminos, cultivos y grandes construcciones de tierra.
Entre aproximadamente 600 antes de nuestra era y 850 después, la civilización Aquiry transformó amplias regiones del suroeste amazónico mediante enormes y complejas figuras geométricas excavadas.
Una investigación publicada en la revista Nature sugiere que aquella sociedad fue mucho más extensa, organizada y poblada de lo que los arqueólogos suponían anteriormente.
Los Aquiry no formaron un único reino ni un imperio centralizado. Eran comunidades diferentes conectadas mediante tradiciones compartidas, caminos y enormes espacios ceremoniales de gran tamaño.
No dejaron textos escritos y sus viviendas desaparecieron, pero sí quedaron zanjas profundas, recintos geométricos y largas carreteras rectas que unían distintos asentamientos entre sí.
Muchos de esos restos permanecieron escondidos porque, después de la desaparición de los Aquiry, la selva volvió a crecer sobre antiguos caminos, campos y construcciones de tierra.
La deforestación permitió descubrir algunas estructuras, aunque los árboles todavía ocultaban la verdadera escala del paisaje profundamente modificado por estas comunidades durante más de mil años.
Para observar el terreno sin destruir la vegetación, los investigadores utilizaron LIDAR, una tecnología que envía pulsos láser desde aviones hacia la superficie terrestre.
Algunos rayos atraviesan pequeños espacios entre las hojas, rebotan contra el suelo y permiten reconstruir digitalmente formas escondidas bajo el espeso dosel de la selva.
El equipo examinó 4.497 kilómetros cuadrados siguiendo largos recorridos aéreos y encontró 432 construcciones de tierra, de las cuales 396 eran completamente desconocidas hasta ahora.
El área estudiada representa menos del tres por ciento de la Gran Amazonía, pero contenía una cantidad sorprendente de geoglifos, caminos y otras estructuras antiguas.
Al combinar estos resultados con investigaciones anteriores, los científicos calcularon que la civilización pudo extenderse por unos 183.000 kilómetros cuadrados en su momento de mayor expansión.
Ese territorio habría albergado entre 1,2 y tres millones de habitantes, además de unas 24.000 a 30.000 construcciones geométricas distribuidas por toda la región.
El paisaje era muy diferente al actual. Había claros habitados, campos de cultivo, viviendas comunales, senderos y espacios donde grandes grupos se reunían regularmente.
En el centro de muchos claros aparecían recintos geométricos conectados por caminos anchos y estrechos, probablemente usados durante celebraciones, ceremonias y encuentros políticos importantes.
Allí posiblemente había música, bailes, competencias deportivas y reuniones comunitarias, mientras alrededor crecían maíz, mandioca, calabazas, algodón y diversos árboles frutales cuidadosamente manejados.
La presencia de plantas útiles en los bosques cercanos muestra que estas poblaciones no solo ocuparon la selva, sino que también modificaron profundamente su ecología.
Los nuevos hallazgos cuestionan la antigua idea de una Amazonía completamente virgen y muestran un territorio moldeado durante siglos por comunidades numerosas y bien organizadas.
Todavía quedan muchas preguntas, especialmente sobre lo ocurrido entre los años 850 y 1000, cuando esta civilización desapareció y sus asentamientos fueron abandonados gradualmente.
Cada nueva exploración revela que bajo la vegetación permanece una historia humana enorme, capaz de cambiar nuestra visión de la Amazonía precolombina y sus habitantes.





