El Sol parece tranquilo desde lejos, pero nuevas imágenes muestran que su superficie está llena de remolinos que nunca habíamos observado directamente.
Las imágenes fueron obtenidas con el telescopio solar Daniel K. Inouye, en Hawái, el instrumento terrestre más potente dedicado a estudiar nuestra estrella.
El trabajo, publicado en la revista Nature, logró observar con un nivel de detalle récord unas estructuras conocidas como inestabilidades de Kelvin-Helmholtz.
Estas inestabilidades aparecen cuando dos corrientes de fluido se mueven a velocidades diferentes y generan patrones parecidos a pequeños remolinos o rizos en sus límites.
En la Tierra vemos algo parecido en ciertas nubes o en olas del océano, pero en el Sol ocurren dentro de plasma extremadamente caliente.
Los científicos sospechaban desde hace décadas que estos remolinos debían existir allí, aunque ningún telescopio anterior tenía suficiente resolución para observarlos directamente con claridad.
Eso cambió cuando el Inouye apuntó hacia una región magnéticamente activa cerca de una mancha solar y registró imágenes de altísima resolución.
Al procesar los datos, los investigadores encontraron numerosos remolinos diminutos formándose en los bordes donde estructuras magnéticas interactúan con el plasma en movimiento.
La sorpresa no fue solamente detectarlos, sino comprobar que aparecían una y otra vez prácticamente en todas las zonas donde el equipo buscaba.
Para confirmar que realmente eran esas inestabilidades, los científicos compararon las observaciones con simulaciones informáticas muy detalladas capaces de reproducir el mismo comportamiento.
Las simulaciones mostraron que los remolinos surgen cuando una corriente rápida de plasma pasa junto a otra más lenta cerca de límites magnéticos solares.
Eso sugiere que este fenómeno no sería raro ni localizado, sino una característica bastante común de muchas regiones de la superficie visible del Sol.
Su importancia va más allá de producir imágenes llamativas, porque estos pequeños movimientos pueden mezclar plasma y campos magnéticos mientras transportan energía hacia capas superiores.
Comprender ese transporte resulta importante porque uno de los grandes misterios solares es explicar por qué la atmósfera exterior resulta muchísimo más caliente que la superficie.
Los remolinos también podrían ayudar a entender cómo se acumula, redistribuye y libera energía magnética antes de algunos eventos violentos producidos por nuestra estrella.
Entre esos eventos están las erupciones solares y las expulsiones de material que pueden viajar por el espacio y provocar tormentas geomagnéticas cerca de la Tierra.
Esas tormentas pueden afectar satélites, comunicaciones, sistemas de navegación y redes eléctricas, por lo que conocer mejor sus mecanismos tiene consecuencias bastante prácticas.
Los investigadores todavía necesitan estudiar cuánto contribuyen exactamente estos remolinos al calentamiento de la atmósfera solar y a la generación del llamado clima espacial.
El hallazgo demuestra además cuánto cambia nuestra visión del Sol cuando aumentamos la resolución: estructuras invisibles durante décadas aparecen de pronto por todas partes.
Cada uno de estos diminutos remolinos mide poco comparado con el Sol, pero podría participar en procesos que afectan enormes regiones de nuestra estrella.
Con mejores observaciones, los científicos esperan conectar estos movimientos pequeños con fenómenos mucho mayores y comprender mejor cómo el Sol transporta y libera su energía.
