Hace unos 4.600 millones de años, cuando comenzó a formarse nuestro sistema solar, ocurrió algo que pudo determinar de qué materiales estarían hechos los primeros planetas.
Una nueva investigación revela que, desde sus primeras etapas, el sistema solar favoreció la acumulación de materiales rocosos formados a temperaturas extremas, en lugar de polvo helado.
Investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, encontraron evidencias de que esta selección comenzó mucho antes de lo que habían podido demostrar hasta ahora.
Para entenderlo, tenemos que regresar a cuando el Sol era una estrella recién nacida, rodeada por un enorme disco de gas y polvo.
En aquel disco existían diferentes materiales que podían agruparse mediante colisiones y formar cuerpos cada vez mayores, hasta convertirse eventualmente en los primeros planetas.
Entre esos materiales destacaban dos. Por un lado estaban las cóndrulas, pequeñas esferas rocosas de aproximadamente un milímetro que se formaron mediante un calentamiento intenso.
Por otro lado estaba la llamada matriz, un polvo mucho más fino que podía contener hielo de agua y moléculas orgánicas en regiones frías.
Ambos componentes participaron en la formación de cuerpos sólidos, pero los científicos sospechaban que no se incorporaban en las mismas proporciones durante todas las etapas.
Investigaciones anteriores habían encontrado que, unos dos millones de años después del nacimiento del sistema solar, los materiales rocosos predominaban sobre el polvo fino.
Pero en cuerpos formados varios millones de años después, las proporciones podían cambiar, y el polvo rico en sustancias volátiles comenzaba a tener mayor importancia.
Lo que nadie había conseguido determinar era qué había ocurrido durante el primer millón de años, cuando aparecieron algunos de los primeros cuerpos sólidos.
El problema era que muchos de aquellos objetos antiguos terminaron derritiéndose debido al calor producido por materiales radiactivos presentes en su interior, borrando su estructura original.
Para investigar su composición, los científicos analizaron meteoritos metálicos que llegaron a la Tierra y que procedían del interior de esos antiguos cuerpos.
Aunque sus materiales originales se habían fundido, los meteoritos todavía conservaban señales químicas que permitían reconstruir parte de su composición antes de derretirse.
Los investigadores estudiaron especialmente la cantidad de azufre y el estado químico del hierro, dos indicadores relacionados con la presencia de polvo fino y agua.
Los resultados, publicados en la revista científica Nature Astronomy, mostraron que algunos de los primeros cuerpos del sistema solar exterior contenían entre un 83 % y un 92 % de cóndrulas.
Eso significa que solamente entre un 8 % y un 17 % correspondía al material fino que podía transportar hielo y otras sustancias volátiles.
Los científicos creen que las propiedades físicas de las cóndrulas facilitaron su concentración y agrupación, mediante un mecanismo relacionado con su comportamiento dentro del gas.
Como eran partículas relativamente compactas, podían responder de manera diferente a los movimientos del gas, favoreciendo su acumulación en determinadas regiones del disco.
Este descubrimiento también podría explicar por qué encontramos tan pocas cóndrulas extremadamente antiguas en los meteoritos: muchas quedaron atrapadas en cuerpos que posteriormente se derritieron.
Sin embargo, todavía desconocemos qué procesos modificaron aquella selección inicial y permitieron que el polvo fino adquiriera mayor importancia millones de años después.
Los resultados indican que los primeros cuerpos planetarios no se formaron mezclando indiscriminadamente todos los materiales disponibles, sino mediante procesos que favorecían ciertos componentes.
Y eso significa que la historia de los planetas comenzó mucho antes de que existieran como tales, cuando pequeñas partículas rocosas empezaron a reunirse alrededor del Sol.





