Por primera vez, un grupo de astrónomos detectó moléculas capaces de formar precursores de azúcares y aminoácidos en el disco de polvo y gas que rodea a una estrella recién nacida.
El hallazgo aún es tentativo, pero abre una ventana fascinante: la vida podría tener su origen en la química espacial, incluso antes de que nazcan los planetas o las propias estrellas.
La astroquímica Kamber Schwarz, del Instituto Max Planck de Astronomía en Alemania, lo explicó claro: los discos protoplanetarios heredan moléculas complejas de etapas previas y además siguen generándolas mientras evolucionan.
Las estrellas y planetas nacen de nubes densas de gas y polvo molecular. Cuando una parte de esa nube se vuelve lo suficientemente densa, colapsa por gravedad y empieza a girar.
Ese colapso forma un núcleo que se convertirá en estrella, mientras el polvo y gas alrededor se acomoda en un disco giratorio. Ese material alimenta a la estrella en crecimiento.
Con el tiempo, los vientos estelares y la radiación expulsan lo que sobra. Lo que queda del disco termina convirtiéndose en planetas. Sí, literalmente estamos hechos de “sobras de estrellas”.
El problema es que se pensaba que la violencia de una estrella recién nacida, con erupciones y radiación extrema, destruía cualquier biomolécula en el disco. Así que no deberían sobrevivir.
Sin embargo, un equipo internacional estudió una protoestrella llamada V883 Orionis, ubicada a 1,350 años luz, que aún está en esa fase caótica. Y lo que encontraron cambia las cosas.
Usando el radiotelescopio ALMA en Chile, analizaron el espectro de luz del disco y detectaron la huella de al menos 17 moléculas orgánicas complejas. Una lista sorprendente.
Entre ellas estaba el etilenglicol, un alcohol simple que puede dar lugar a moléculas más grandes, y el glicolonitrilo, precursor de aminoácidos como la glicina y alanina, además de adenina.
Esto sugiere que esas moléculas se heredan de la nube original, completando un puente químico entre la etapa previa al nacimiento estelar y los sistemas planetarios en formación.
El astrónomo Abubakar Fadul, también del Max Planck, lo resumió bien: “Nuestros hallazgos apuntan a una línea directa de enriquecimiento químico desde nubes interestelares hasta sistemas planetarios completos”.
Las condiciones para que aparezcan estas moléculas son frías, muy frías. Los científicos creen que se forman sobre granos de hielo en la nube, quedando atrapadas en objetos helados.
Cuando la estrella empieza a calentarse, ese hielo se sublima, liberando las moléculas que flotan en el disco. Así, ALMA pudo detectar su firma en medio del caos estelar.
El problema es que la señal fue débil. Se necesitarán observaciones con mayor resolución y en longitudes de onda más largas para confirmarlo y, con suerte, encontrar moléculas nuevas.
Los investigadores quieren buscar especialmente moléculas con nitrógeno, casi ausentes en los datos de ALMA. Sospechan que podrían estar escondidas en otras partes del espectro electromagnético.
Fadul lo dijo con entusiasmo: “Tal vez necesitemos mirar en otras regiones del espectro para descubrir moléculas más complejas. Quién sabe qué más podemos encontrar”.
Este trabajo fue publicado en The Astronomical Journal, y acerca un poco más la respuesta a cómo la química cósmica pudo allanar el camino para la vida.
