La NASA ha anunciado el 10 de diciembre que la sonda espacial Voyager 2 ha entrado en el espacio interestelar.
Han pasado más de cuatro décadas desde que la sonda espacial despegó de la Tierra en 1977. Desde entonces ha explorado intensamente nuestro sistema solar y ahora, se ha unido a su predecesor Voyager 1, más allá de los límites de la influencia de nuestro Sol.
Crédito: NASA / JPL-Caltech
La Voyager 2 es la única nave espacial que ha visitado los cuatro planetas gigantes gaseosos, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, y ha descubierto 16 lunas, así como fenómenos inusuales como la misteriosa Gran Mancha Oscura de Neptuno, las grietas en la capa de hielo de Europa, y anillos inesperados en algunos planetas.
Los científicos han estado observando la gran partida de la Voyager 2 desde fines de agosto, cuando los datos transmitidos por la sonda sugirieron que se estaba acercando a lo que los científicos llaman la heliopausa, una burbuja creada por el viento solar de partículas cargadas que fluyen desde nuestro Sol e influyen en el ambiente interior de nuestro sistema solar. Los científicos usan la heliopausa para marcar dónde comienza el espacio interestelar.
Más allá de esa burbuja, las naves espaciales vuelan a través de muchos más rayos cósmicos, más partículas de energía que las partículas de energía más bajas de nuestro propio vecindario. Dos instrumentos a bordo de la sonda Voyager 2 rastrean estas partículas cuando chocan con la nave espacial. La transición de partículas en su mayoría de baja energía a casi ninguna de estas y una repentina oleada de rayos cósmicos le dice a los científicos que la sonda ha cruzado la heliopausa.
Es una transición difícil de predecir. Si bien la Voyager 1 hizo el mismo viaje en 2012, la heliopausa no forma una esfera perfecta, y se contrae y expande con el flujo y reflujo del viento solar. Así que los científicos tuvieron que esperar y ver lo que decían los datos. En agosto de este año los datos comenzaron a contar esa historia de partida cósmica, con un aumento general de los rayos cósmicos y una disminución de las partículas locales. Pero la gran salida tomó tiempo.
Los instrumentos han demostrado cuán desigual puede ser ese viaje. La Voyager 1 se topó con tubos de flujo que crearon datos dinámicos, por los que el Voyager 2 no ha pasado. Pero la segunda sonda ha visto un extraño golpe en algunos de los datos y aún no se han determinado bien sus características. La Voyager 2 también puede no tener una salida tan sencilla como su predecesora porque la fase del ciclo solar actual significa que la burbuja solar está creciendo un poco.
A pesar de la emoción que rodea el hito, no va a cambiar mucho la propia Voyager 2. Continuará transmitiendo actualizaciones a la Tierra durante el tiempo que pueda. Eventualmente, el suministro de plutonio que alimenta a la nave espacial se agotará, y luego la sonda apagará sus instrumentos. En algún momento después del 2025, el equipo espera que la sonda se silencie por completo.
Fuente: Space.com