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Científicos logran lo que parecía imposible: crean una molécula aromática tras casi 50 años de intentos

La ciclopentadienida de pentasia es una molécula aromática estable que podría abrir las puertas a un nuevo mundo de posibilidades químicas. Crédito: Thorsten Mohr/Universidad del Sarre

Después de casi cincuenta años de debates teóricos y muchos intentos fallidos en distintos laboratorios, un equipo de la Universidad del Sarre resolvió un antiguo desafío químico realizando la síntesis de un anillo aromático de silicio de cinco átomos.

El profesor David Scheschkewitz trabajó con su doctorando Ankur y con Bernd Morgenstern, del Centro de Difracción de Rayos X. Juntos consiguieron algo que parecía fuera de alcance durante décadas.

¿Y qué fue exactamente lo que hicieron? Lograron sintetizar un compuesto llamado pentasilaciclopentadienuro, una molécula donde sustituyeron átomos de carbono por átomos de silicio en una estructura aromática.

Las moléculas aromáticas son famosas por su estabilidad. Se usan en muchos procesos industriales, como la fabricación de plásticos. Por ejemplo, ayudan a que los catalizadores duren más y funcionen mejor.

El reto estaba en cambiar el carbono por silicio sin que la molécula perdiera esa estabilidad especial. El silicio es más metálico y no retiene los electrones con la misma fuerza que el carbono.

Eso cambia por completo el comportamiento químico. Si logras mantener la estabilidad aromática con silicio, abres la puerta a sistemas químicos que antes parecían imposibles de construir.

Para entender por qué tardaron tanto, hay que hablar de las reglas básicas de estas moléculas. El ciclopentadienuro de carbono forma un anillo plano de cinco átomos muy estable.

Esa forma plana permite que los electrones se distribuyan de manera uniforme alrededor del anillo. Esa distribución es clave para que la molécula sea considerada aromática.

Existe una regla sencilla llamada regla de Hückel, que indica cuántos electrones compartidos necesita un anillo plano para ser aromático. Si cumple esa condición, gana una estabilidad extra.

Hasta ahora, la química del silicio solo había demostrado algo parecido en un sistema mucho más pequeño. En 1981 lograron un anillo de tres átomos de silicio con comportamiento aromático.

Cada intento de ampliar esa idea a anillos más grandes había fracasado. Los compuestos no eran estables o no cumplían con los criterios electrónicos necesarios.

El equipo del Sarre consiguió formar un anillo de cinco átomos de silicio que sí cumple las reglas. Demostraron que el sistema es plano y que los electrones se distribuyen correctamente.

Curiosamente, casi al mismo tiempo, el laboratorio de Takeaki Iwamoto en la Universidad de Tohoku, en Japón, obtuvo el mismo compuesto. Ambos grupos decidieron publicar sus resultados juntos.

Este logro no es solo una curiosidad académica. Abre la posibilidad de diseñar nuevos materiales y procesos químicos con propiedades distintas a las que ofrece el carbono.

Todavía queda mucho por investigar, pero ya superaron el obstáculo más difícil. Demostraron que la aromaticidad basada en silicio no era un sueño teórico, sino una realidad posible.

El estudio se publicó en la revista Science.

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