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Científicos logran identificar las neuronas que provocan ansiedad y cómo calmarlas

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La ansiedad es el trastorno mental más común del mundo y afecta a cientos de millones de personas. Aun así, un grupo de científicos encontró una forma inesperada de revertirla, al menos en ratones.

El equipo del CSIC y la Universidad Miguel Hernández descubrió que basta ajustar unas pocas neuronas en la amígdala para cambiar por completo la conducta relacionada con la ansiedad.

La amígdala es una zona del cerebro clave para decidir, recordar y regular emociones, así que cualquier desbalance ahí puede generar problemas importantes.

Los investigadores se enfocaron en un gen llamado GRIK4, encargado de controlar parte del sistema de mensajería del cerebro.

Cuando este gen se expresa de más, aumenta la producción de una proteína llamada GluK4, que está relacionada con conductas parecidas a la ansiedad.

Los ratones con niveles altos de GluK4 evitan espacios abiertos, se muestran menos sociales y desarrollan señales similares a la depresión.

Además, suelen fallar en tareas básicas como reconocer objetos familiares, algo que indica un impacto más amplio en la memoria.

El equipo usó edición genética para recortar las copias sobrantes del gen GRIK4 y reducir la cantidad de GluK4 en el cerebro.

Con ese ajuste, los ratones dejaron de mostrar ansiedad, depresión y problemas sociales, recuperando comportamientos típicos.

Uno de los científicos explicó que ese cambio tan pequeño fue suficiente para revertir todos los síntomas emocionales.

También identificaron que existe un tipo específico de neurona en la amígdala directamente responsable de estas conductas.

Cuando esas neuronas recuperaron su actividad normal, el comportamiento de los ratones volvió a la calma habitual.

Sin embargo, los animales siguieron fallando en pruebas de reconocimiento de objetos, lo que indica que no todas las áreas afectadas por la ansiedad se corrigieron.

Esto sugiere que la amígdala controla gran parte del problema, pero no todo, y que otras zonas del cerebro también influyen en la memoria.

Los investigadores aclaran que ya sabían que la amígdala tenía un papel central en el miedo y la ansiedad.

Lo novedoso es haber encontrado un grupo concreto de neuronas cuya actividad desbalanceada es suficiente para causar conductas problemáticas.

La técnica funcionó incluso en ratones no modificados que naturalmente mostraban altos niveles de ansiedad.

Eso refuerza la idea de que ciertos circuitos muy localizados del cerebro son clave y se pueden ajustar para mejorar el comportamiento.

Aunque el estudio se hizo en ratones, estos animales suelen servir como modelo confiable para entender procesos similares en humanos.

Aún falta demostrar que el mismo mecanismo ocurre en nuestro cerebro, pero abre la puerta a tratamientos más precisos para la ansiedad.

Los autores creen que una terapia basada en ajustar solo esos circuitos podría ser más efectiva y causar menos efectos secundarios.

También imaginan tratamientos más localizados que ayuden a calmar cerebros demasiado excitados sin afectar el resto del sistema nervioso.

El estudio completo fue publicado en iScience.

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