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Científicos finalmente descubren cómo una sustancia química persistente causa defectos de nacimiento

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Los PFAS, conocidos como “químicos eternos”, llevan años preocupando a científicos porque no se degradan fácilmente y pueden acumularse en el ambiente.

Ahora, un estudio publicado en ACS Chemical Research in Toxicology explica mejor cómo uno de estos compuestos podría afectar el desarrollo fetal.

El compuesto se llama PFDA, o ácido perfluorodecanoico, y pertenece a la enorme familia de sustancias industriales conocidas como PFAS.

Estos químicos aparecen en muchos productos de consumo e industriales, desde recubrimientos resistentes al agua hasta materiales usados en ciertas actividades laborales.

La mayoría de personas se expone a cantidades pequeñas en la vida diaria, pero algunas pueden recibir dosis mayores por distintas razones.

Eso puede pasar por agua contaminada, vivir cerca de zonas industriales o trabajar en actividades como bomberos o encerado de esquís.

El problema es que los PFAS se han relacionado con defectos de nacimiento, pero faltaba entender exactamente qué hacían dentro del cuerpo.

En este nuevo trabajo, investigadores de la Universidad de Colorado Anschutz analizaron 13 PFAS detectados con frecuencia en el ambiente.

Entre todos, el PFDA apareció como el más dañino para el desarrollo de la cara y el cráneo durante la etapa fetal.

Los autores encontraron señales de que este compuesto puede causar anomalías faciales importantes, tanto en animales de laboratorio como en estudios humanos.

Algunas estimaciones sugieren que incluso exposiciones muy bajas podrían aumentar el riesgo de estos defectos alrededor de un diez por ciento.

Lo importante del estudio es que no se queda solo en la asociación. Propone un mecanismo biológico bastante claro.

El PFDA parece alterar una molécula llamada ácido retinoico, que es fundamental durante las primeras etapas del embarazo.

El ácido retinoico ayuda a controlar la actividad de cientos de genes, especialmente durante la formación de la cabeza y la cara.

Pero este sistema necesita equilibrio. Muy poco ácido retinoico puede causar problemas, pero demasiado también puede ser peligroso.

Durante el desarrollo fetal, el embrión depende de la madre para mantener esos niveles dentro de un rango seguro.

Ahí entra el PFDA. Los investigadores encontraron que este compuesto bloquea una enzima llamada CYP26A1, encargada de eliminar el exceso.

Cuando esa enzima no funciona bien, el ácido retinoico puede acumularse y alterar el desarrollo normal del rostro.

Pero el golpe no queda ahí. El PFDA también reduce la actividad de genes que ayudan a producir esa misma enzima.

Por eso los autores hablan de un doble ataque: bloquea la herramienta que limpia el exceso y reduce su producción.

Como resultado, pueden aparecer defectos craneofaciales severos, incluyendo ojos poco desarrollados y alteraciones en la formación de la mandíbula.

La idea no es asustar a cualquiera que haya estado expuesto alguna vez a PFAS, porque el riesgo depende de la dosis.

Pero sí muestra por qué conviene identificar qué compuestos de esta enorme familia son más peligrosos que otros.

Se calcula que existen unos 15.000 PFAS, pero no todos parecen tener el mismo nivel de toxicidad.

Entender este mecanismo podría ayudar a crear mejores pruebas de laboratorio y modelos computacionales para detectar los más riesgosos.

También podría servir para que reguladores y fabricantes distingan entre sustancias peligrosas y alternativas más seguras.

A futuro, los investigadores quieren estudiar estrategias para reducir la exposición en personas con mayor riesgo, especialmente durante el embarazo.

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