Un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España anunció un avance enorme contra el cáncer de páncreas, en un estudio reciente publicado en una revista científica internacional.
La investigación, que fue publicada en PNAS, estuvo liderada por Mariano Barbacid y logró algo impensable hasta ahora: hacer desaparecer tumores pancreáticos por completo y sin recaídas en modelos experimentales.
El cáncer de páncreas más común se llama adenocarcinoma ductal pancreático y es uno de los más letales que existen, porque suele detectarse tarde y responde mal a tratamientos.
Las cifras son durísimas: menos de uno de cada diez pacientes sigue vivo cinco años después del diagnóstico, lo que convierte cualquier avance real en una urgencia médica.
Gran parte de estos tumores están impulsados por un gen defectuoso llamado KRAS, que actúa como un acelerador atascado, ordenando a las células cancerosas crecer sin control.
En los últimos años aparecieron fármacos capaces de bloquear KRAS, lo que despertó expectativas, aunque pronto quedó claro que el cáncer encontraba rutas alternativas para sobrevivir.
El problema es que estos tumores son adaptativos: si se bloquea una vía, activan otras, y por eso los tratamientos suelen perder eficacia rápidamente.
Además, las quimioterapias tradicionales atacan células que se dividen rápido, incluyendo sanas, provocando efectos secundarios fuertes sin garantizar que el tumor no regrese.
Para romper ese ciclo, el equipo español decidió cambiar la estrategia y atacar el cáncer desde varios frentes al mismo tiempo, sin darle margen de escape.
El primer fármaco, daraxonrasib, bloquea la señal principal de KRAS, apagando el motor que impulsa el crecimiento del tumor pancreático.
El segundo, afatinib, cierra las rutas EGFR y HER2, caminos que las células cancerosas suelen usar cuando KRAS queda bloqueado.
El tercero, SD36, inutiliza STAT3, un sistema de respaldo que ayuda al cáncer a resistir el estrés y sobrevivir a los tratamientos.
Cuando los tres medicamentos se administraron juntos en ratones, los tumores desaparecieron por completo y no volvieron, incluso más de doscientos días después.
El mismo efecto se observó en modelos genéticos de ratón y en tumores humanos extraídos de pacientes y cultivados en laboratorio.
Un detalle clave es que el tratamiento fue bien tolerado: los animales no mostraron efectos secundarios graves ni señales de toxicidad general.
Esto sugiere que la combinación podría ser lo bastante segura como para probarse en humanos, algo fundamental para pensar en ensayos clínicos.
Dicho de forma sencilla, el enfoque apaga el motor del cáncer, bloquea sus salidas de emergencia y desactiva su sistema de respaldo.
Sin esas opciones, el tumor no puede adaptarse, resistir ni reorganizarse, y termina colapsando de manera completa y sostenida.
Aunque por ahora los resultados solo provienen de modelos experimentales, la solidez de los datos ha llamado la atención de otros especialistas.
Si estos efectos se confirman en pacientes, el tratamiento del cáncer de páncreas podría entrar en una nueva etapa, con opciones reales donde antes casi no había.
