Un grupo de científicos hizo un experimento que obliga a mirar el tiempo de otra forma: quizá no es algo fundamental, sino algo que emerge cuando el universo cambia.
El estudio, llamado Testing the problem of time with cold atoms, fue publicado en Physical Review Research y usa un modelo diminuto de universo en laboratorio.
La idea nació con un sistema de átomos ultrafríos, algo que los físicos pueden controlar con láseres y campos electromagnéticos.
El equipo enfrió unos veinte mil átomos de rubidio hasta temperaturas cercanas al cero absoluto, donde la materia empieza a comportarse de manera cuántica.
Luego dividieron ese pequeño universo en dos regiones. A una la llamaron sector brillante y a la otra sector oscuro.
Al principio, el sistema casi no cambiaba. Y si nada cambia, la pregunta aparece sola: ¿tiene sentido decir que el tiempo pasa?
Para crear movimiento, los investigadores usaron láseres y permitieron que los átomos pasaran de un sector al otro, interactuando entre sí.
Con ese intercambio, el sistema empezó a cambiar su desorden interno, algo parecido a lo que en física llamamos entropía.
En nuestro universo, el tiempo parece avanzar en la dirección en que aumenta la entropía. Por eso recordamos el pasado, no el futuro.
Usando esa misma idea, los científicos definieron un tiempo interno para su miniuniverso, sin depender directamente del reloj externo del laboratorio.
Después aplicaron ese tiempo a la ecuación de Schrödinger, que describe cómo evolucionan los sistemas cuánticos, y los resultados coincidieron con el experimento.
Esto no demuestra que el tiempo sea una ilusión en nuestro universo real, porque el modelo es simplificado y tiene muchas limitaciones.
Pero sí muestra que, en un sistema cuántico controlado, el orden de los eventos puede surgir desde dentro del propio sistema.
La idea no aparece de la nada. Desde hace décadas, algunos físicos sospechan que el tiempo podría nacer de relaciones entre partes del universo.
En física cuántica y gravedad, este problema es enorme, porque todavía no sabemos unir completamente la relatividad general con la mecánica cuántica.
Algunas propuestas de gravedad cuántica incluso sugieren que, en el nivel más profundo, el tiempo quizá no existe como una variable básica.
Este experimento no resuelve ese problema, pero ofrece una forma de imitarlo en laboratorio usando átomos fríos y condiciones muy controladas.
También ayuda a probar ideas que antes estaban casi solo en ecuaciones, sin una manera clara de llevarlas a un experimento.
Algunos físicos son cautelosos y recuerdan que un miniuniverso de rubidio no se comporta como el cosmos completo, con galaxias y gravedad real.
Aun así, el resultado sirve como una herramienta para explorar preguntas enormes: qué es el tiempo, de dónde viene y por qué sentimos que avanza.
El equipo quiere seguir complicando el modelo, incluso creando regiones parecidas a horizontes de agujeros negros, donde los átomos no puedan escapar.
Por ahora, la lección es prudente pero fascinante: en ciertos sistemas cuánticos, el tiempo puede aparecer cuando las partes empiezan a relacionarse.





