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Australia sería uno de los lugares más seguros ante una catástrofe global

Si una catástrofe global golpeara al planeta, ningún país estaría completamente a salvo, pero una nueva revisión científica señala que Australia tendría ventajas importantes frente a varios escenarios extremos distintos.

El trabajo, publicado en la revista Global Challenges, comparó qué lugares podrían resistir mejor amenazas capaces de causar enormes daños humanos y sociales a escala planetaria.

Los investigadores revisaron estudios sobre guerras nucleares, impactos de asteroides, grandes erupciones volcánicas, pandemias, ciberataques, tormentas geomagnéticas y pulsos electromagnéticos extremos globales.

Después agruparon esas amenazas en tres grandes categorías: reducción brusca de luz solar, pérdida catastrófica de infraestructura y riesgos biológicos de escala mundial.

La primera incluye situaciones donde polvo, humo o aerosoles bloquean parte de la luz solar, como invierno nuclear, grandes erupciones o impactos de asteroides.

Eso podría enfriar el planeta, alterar las lluvias y reducir fuertemente las cosechas, generando problemas alimentarios incluso en regiones alejadas directamente del desastre original.

La segunda categoría abarca fallas masivas de electricidad, transporte, comunicaciones o producción industrial, provocadas por ciberataques, tormentas solares o pulsos electromagnéticos de gran escala.

La tercera considera amenazas biológicas, como pandemias extremadamente graves, escapes accidentales de patógenos peligrosos o incluso ataques deliberados con agentes biológicos diseñados artificialmente.

Al revisar la literatura disponible, Australia apareció con mayor frecuencia como país resistente porque combina aislamiento geográfico, enorme producción alimentaria, recursos naturales y capacidad industrial.

También cuenta con una economía desarrollada, instituciones relativamente estables y capacidad para cerrar fronteras, factores que podrían ayudar frente a pandemias o interrupciones internacionales graves.

Pero los autores no elaboraron una clasificación definitiva usando una fórmula matemática única. Revisaron investigaciones anteriores y observaron qué países aparecían repetidamente como resistentes.

Australia fue el único país mencionado directamente como resistente frente a las tres grandes categorías, aunque Nueva Zelanda y Japón también mostraron fortalezas en todas ellas.

Nueva Zelanda aparece entre los lugares mejor posicionados por su aislamiento, producción de alimentos, estabilidad institucional y posibilidad de controlar con relativa facilidad sus fronteras marítimas.

Sin embargo, también presenta puntos débiles: tiene una base industrial pequeña, depende bastante del comercio internacional y está expuesta a volcanes, tsunamis y tormentas geomagnéticas.

Otros países mencionados con frecuencia fueron Suiza, Japón y Argentina. Cada uno ofrece ventajas diferentes, pero ninguno queda protegido frente a todos los escenarios analizados.

Suiza, por ejemplo, evita algunos riesgos relacionados con largas costas, mientras Japón posee una gran industria, aunque depende considerablemente de importaciones para mantener su economía funcionando.

Una conclusión importante es que algunas características ayudan frente a una amenaza pero perjudican frente a otra. El aislamiento protege, aunque también dificulta conseguir productos esenciales.

Incluso Australia y Nueva Zelanda podrían tener problemas graves si desaparecieran durante mucho tiempo las importaciones de medicamentos, combustible, fertilizantes, piezas industriales y otros suministros.

Los investigadores también advierten que Australia y Nueva Zelanda han recibido bastante atención científica, así que otros países resistentes podrían estar simplemente menos estudiados hasta ahora.

Por eso, el mensaje no es mudarse a Australia ante una catástrofe, sino identificar qué características permiten que una sociedad mantenga alimentos, servicios y organización.

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