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Astrónomos refutan una teoría de décadas sobre cómo las estrellas propagan los ingredientes de la vida

AI

Durante años se creyó que la luz de las estrellas gigantes empujaba granos de polvo con fuerza suficiente para generar vientos estelares que dispersan elementos clave por la galaxia.

Un nuevo estudio de la Universidad Tecnológica de Chalmers, publicado en Astronomy & Astrophysics, sugiere que ese empuje luminoso no alcanza para explicar el fenómeno.

Los investigadores llegaron a esta conclusión al observar en detalle a R Doradus, una estrella gigante roja cercana que funciona como laboratorio natural para estudiar estos procesos.

Theo Khouri, uno de los autores, reconoce que pensaban entender bien el mecanismo, pero los datos mostraron que la explicación clásica no funciona como se creía.

Comprender cómo se generan estos vientos es clave porque las estrellas gigantes rojas reparten carbono, oxígeno y otros elementos necesarios para planetas y vida.

Durante esta etapa final de su vida, estrellas parecidas al Sol se enfrían, se inflan enormemente y comienzan a perder masa de forma constante.

Ese material sale en forma de gas y polvo, enriqueciendo el espacio entre estrellas, aunque el motor exacto de esa pérdida sigue siendo un misterio.

Durante décadas, la idea dominante fue que la luz estelar empujaba granos de polvo recién formados y los arrastraba hacia el espacio interestelar.

Las nuevas observaciones de R Doradus ponen en duda que ese proceso, por sí solo, sea capaz de lanzar los vientos observados.

El equipo descubrió que los granos de polvo alrededor de la estrella son extremadamente pequeños, mucho más de lo que se esperaba.

Según los datos, esas partículas no reciben suficiente presión de la luz como para escapar de la gravedad de la estrella.

Para el estudio usaron el instrumento SPHERE del Very Large Telescope, analizando luz polarizada reflejada por el polvo en una región similar al tamaño del Sistema Solar.

Al observar distintas longitudes de onda, determinaron que los granos están hechos de materiales comunes como silicatos y óxido de aluminio.

Luego combinaron esas observaciones con simulaciones que recrean cómo interactúa la luz estelar con partículas de polvo microscópicas.

Por primera vez pudieron medir con precisión si la luz realmente podía empujar esos granos lo suficiente, y la respuesta fue negativa.

Los granos miden alrededor de una diezmilésima de milímetro, demasiado pequeños para generar el efecto necesario según los modelos.

El polvo está ahí y brilla con la luz de la estrella, pero simplemente no alcanza para explicar la intensidad del viento estelar.

Esto obliga a pensar en procesos más complejos que trabajen junto al polvo o incluso lo reemplacen como mecanismo principal.

Observaciones previas con el telescopio ALMA mostraron enormes burbujas de gas subiendo y bajando en la superficie de R Doradus.

Los científicos creen que pulsaciones estelares, convección gigante o episodios violentos de formación de polvo podrían jugar un papel clave.

R Doradus está a solo 180 años luz, nació con una masa similar al Sol y hoy pierde una enorme cantidad de material cada década.

En unos miles de millones de años, nuestro Sol pasará por una etapa similar y se comportará como esta estrella gigante roja.

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