En el sistema CD-35 2722, los astrónomos detectaron un objeto enorme que parece orbitar una enana marrón, aunque llamarlo luna resulta bastante complicado por ahora.
A diferencia de las lunas del Sistema Solar, este cuerpo no gira alrededor de un planeta, sino de una enana marrón que orbita otra estrella.
Las observaciones realizadas con el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral ofrecen pruebas de esta estructura extraña, formada por tres objetos conectados entre sí.
Si futuras mediciones confirman el hallazgo, podría tratarse de la primera luna detectada fuera del Sistema Solar con evidencia sólida para recibir aceptación científica general.
La investigación, publicada en la revista Nature, describe un sistema muy diferente al nuestro, donde las categorías de estrella, planeta y luna empiezan a confundirse.
La estrella principal tiene aproximadamente la mitad de la masa del Sol y constituye el objeto más grande y masivo de este sistema relativamente joven.
A su alrededor gira una enana marrón, demasiado masiva para considerarse planeta, pero incapaz de iniciar las reacciones que convierten un objeto en verdadera estrella.
El nuevo cuerpo orbita esa enana marrón, ocupando una posición semejante a la de una luna, aunque su tamaño supera cualquier comparación en nuestro vecindario.
Los investigadores prefieren llamarlo exosatélite porque posee, como mínimo, una masa comparable con Júpiter y gira alrededor de un objeto mucho más pesado que él.
La enana marrón supera treinta veces la masa de Júpiter, mientras el supuesto satélite tiene dimensiones suficientes para ser considerado planeta bajo otras circunstancias astronómicas.
El problema aparece porque los planetas normalmente orbitan estrellas, pero este cuerpo gira alrededor de algo que también gira alrededor de una estrella distante.
Por esa razón, algunos científicos lo describen como una tercera pieza del sistema y consideran razonable llamarlo luna, aunque sea gigantesco, gaseoso y muy inusual.
Las definiciones funcionan fácilmente en nuestro Sistema Solar porque distinguimos claramente al Sol, los planetas y sus satélites, pero aquí las fronteras se vuelven más borrosas.
Hasta ahora, los astrónomos encontraron más de seis mil exoplanetas, pero ninguna exoluna cuenta todavía con una detección aceptada de manera completamente convincente por la comunidad.
Han aparecido varios candidatos interesantes, aunque las observaciones disponibles siguen siendo limitadas y no permiten confirmar con seguridad que realmente sean satélites naturales fuera del Sistema Solar.
Para estudiar CD-35 2722, el equipo utilizó el instrumento CRIRES+ y aplicó el método de velocidad radial, empleado anteriormente para descubrir numerosos mundos lejanos.
Esta técnica busca pequeños cambios en el movimiento de un objeto provocados por la gravedad de un compañero invisible que tira de él periódicamente.
En este caso, los científicos detectaron leves bamboleos en la enana marrón y creen que fueron causados por el enorme cuerpo que la orbita.
Aunque todavía falta confirmación, el sistema representa una de las evidencias más prometedoras disponibles actualmente de un satélite fuera del Sistema Solar encontradas hasta ahora.
El futuro Extremely Large Telescope permitirá buscar exolunas más pequeñas y podría obligarnos a revisar cómo clasificamos sistemas que no se parecen en nada al nuestro.





