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Astrónomos detectan un posible choque entre planetas en tiempo real

Representación del autor principal, Andy Tzanidakis, de la colisión planetaria que sospecha que ocurrió alrededor de la estrella Gaia20ehk en 2021. Crédito: Andy Tzanidakis

Astrónomos encontraron señales de un choque planetario gigantesco alrededor de una estrella lejana. La investigación se publicó en The Astrophysical Journal Letters.

Todo empezó cuando un astrónomo revisaba observaciones archivadas de 2020 y notó algo raro. Una estrella que debía comportarse de forma estable estaba cambiando su brillo de manera extraña.

La estrella se llama Gaia20ehk y está a unos 11 mil años luz de la Tierra, cerca de la constelación Puppis. Es una estrella de secuencia principal, parecida al Sol.

Eso importa porque este tipo de estrellas normalmente mantiene un brillo bastante constante durante largos periodos. Pero Gaia20ehk comenzó a mostrar caídas de luz y luego un comportamiento completamente caótico.

Primero aparecieron tres bajones de brillo desde 2016. Después, alrededor de 2021, la situación se volvió mucho más rara, con oscilaciones intensas que no encajaban con una estrella como esa.

Los científicos pronto entendieron que el problema no venía de la estrella misma. Lo que estaba cambiando era la cantidad de material que pasaba entre ella y nuestros telescopios.

En otras palabras, algo estaba bloqueando parte de su luz. Ese algo parecía ser una enorme nube de polvo y fragmentos rocosos orbitando alrededor de la estrella.

La explicación más probable es bastante violenta: dos planetas habrían chocado. El impacto habría lanzado escombros al espacio, creando una nube capaz de tapar intermitentemente la luz estelar.

Eso vuelve el hallazgo especialmente llamativo, porque observar colisiones planetarias en tiempo real es muy difícil. Aunque probablemente ocurren con frecuencia en el universo, casi nunca las vemos directamente.

Los sistemas planetarios jóvenes suelen ser lugares caóticos. A medida que los cuerpos crecen, chocan, se rompen, cambian de órbita o incluso salen expulsados al espacio profundo.

Con el paso de millones de años, esos encuentros reducen el número de cuerpos grandes y ayudan a que el sistema se estabilice. Algo parecido debió pasar también en los primeros tiempos del sistema solar.

De hecho, los investigadores creen que este evento tiene similitudes con el gran impacto que habría dado origen a la Tierra y la Luna hace unos 4.500 millones de años.

El caso de Gaia20ehk llamó todavía más la atención por la forma en que evolucionó la señal. Primero hubo caídas breves de brillo, luego vino un patrón mucho más desordenado y extremo.

Para resolver el misterio, el equipo comparó observaciones en luz visible con datos en infrarrojo. Y ahí apareció una pista clave que cambió completamente la interpretación del fenómeno.

Mientras la luz visible bajaba y parpadeaba, la señal infrarroja aumentaba con fuerza. Eso sugiere que el material que tapaba la estrella estaba muy caliente y brillaba intensamente en infrarrojo.

Ese calor encaja muy bien con una colisión entre planetas. Un impacto así liberaría muchísima energía y podría explicar tanto el polvo posterior como el fuerte aumento de radiación infrarroja.

Los autores incluso plantean que antes del choque final pudo haber roces previos entre ambos mundos. Esos encuentros iniciales habrían producido menos energía, pero sí pequeñas caídas de brillo.

Luego habría llegado el golpe catastrófico de verdad, levantando una enorme cantidad de escombros calientes. Ahí es cuando el sistema pasó de raro a completamente descontrolado para nuestros instrumentos.

Otra pista interesante es la distancia de la nube de desechos a su estrella. Parece orbitar a una distancia parecida a la que separa a la Tierra del Sol.

Eso hace pensar que, con suficiente tiempo, parte de ese material podría enfriarse y volver a agruparse. Es decir, del desastre podría terminar naciendo una nueva configuración planetaria.

Aun así, nadie sabe todavía cuál será el resultado final. Los escombros necesitan tiempo para asentarse, y ese proceso puede tardar años, siglos o incluso millones de años.

Los científicos creen que futuros observatorios, como el Vera C. Rubin, podrían detectar muchos más casos parecidos durante la próxima década. Y eso ayudaría a entender cuán comunes son estos choques.

Esa pregunta no es menor. Saber con qué frecuencia ocurren impactos como el que formó la Luna puede decirnos mucho sobre cómo nacen mundos parecidos al nuestro y qué tan especiales son.

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