Icono del sitio Robotitus

Astrónomos detectan cientos de anomalías cósmicas con una nueva herramienta de IA

Seis objetos astrofísicos desconocidos, extraños y fascinantes se muestran en esta nueva imagen del Telescopio Espacial Hubble de la NASA. (NASA, ESA, David O'Ryan (ESA), Pablo Gómez (ESA), Mahdi Zamani (ESA/Hubble))

Un estudio reciente publicado en Astronomy and Astrophysics cuenta cómo astrónomos usaron inteligencia artificial para revisar datos viejos del Hubble y encontrar rarezas cósmicas inesperadas.

Los investigadores David O’Ryan y Pablo Gómez, de la Agencia Espacial Europea, analizaron décadas de observaciones guardadas y hallaron más de mil anomalías en el espacio.

Muchas de esas anomalías nunca habían sido vistas antes, lo que muestra que los archivos antiguos todavía esconden información valiosa que nadie había mirado con suficiente detalle.

El problema es que hoy los telescopios generan tantos datos que ningún equipo humano puede revisarlos todos con calma y detectar cosas raras a simple vista.

Para que te des una idea, solo el telescopio James Webb produce decenas de gigabytes diarios, y observatorios nuevos prometen cantidades todavía más descomunales.

Ahí es donde entra la inteligencia artificial, que no se cansa y puede revisar millones de imágenes buscando patrones extraños mucho más rápido que cualquier persona.

En este trabajo usaron una herramienta llamada AnomalyMatch, una red neuronal entrenada para señalar imágenes que se salen de lo normal dentro de enormes bases de datos.

Con ese sistema revisaron casi cien millones de recortes de imágenes del archivo histórico del Hubble, algo que a un humano le tomaría años, si no siglos.

La máquina hizo todo ese trabajo en apenas unos días y entregó una lista manejable de posibles anomalías para que los científicos las revisaran a mano.

Después de mirar una por una, confirmaron que más de mil trescientas eran reales, y que más de ochocientas nunca habían sido registradas antes.

Las más comunes resultaron ser galaxias que se están fusionando o interactuando, choques lentos pero gigantescos que cambian su forma durante millones de años.

También aparecieron decenas de posibles lentes gravitacionales, objetos que curvan la luz y permiten ver galaxias muy lejanas que de otro modo serían invisibles.

Estas lentes sirven para estudiar la materia oscura, medir distancias cósmicas y comprobar teorías físicas, así que cada nueva candidata es oro científico.

El sistema también detectó galaxias medusa, con largas colas brillantes de gas y estrellas, formadas cuando el entorno les arranca material mientras avanzan.

Hubo además objetos difíciles de clasificar, como una galaxia con un núcleo en espiral y lóbulos abiertos, cuya naturaleza todavía no está clara.

Entre los hallazgos aparecieron galaxias superpuestas, galaxias en anillo, estructuras irregulares y objetos tan lejanos que apenas se distinguen del ruido.

Todo esto muestra que revisar archivos astronómicos con inteligencia artificial es una mina de sorpresas, incluso cuando los datos llevan décadas guardados.

Aunque mañana dejaran de observarse nuevas estrellas, todavía quedaría muchísimo por descubrir solo reanalizando información vieja con herramientas cada vez más potentes.

Archivos como los del Hubble o misiones como Gaia seguirán alimentando estos sistemas, que pueden encontrar cosas que nadie pensó buscar.

La idea de que haya cientos de fenómenos desconocidos esperando en silencio hace pensar que el universo todavía tiene muchas historias guardadas.

Salir de la versión móvil