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Astrónomos descubren 84 objetos misteriosos en galaxias cercanas

(Muhibullah et al., Nature Astronomy, 2026)

Astrónomos encontraron 84 objetos extremadamente brillantes escondidos en seis galaxias cercanas, aunque durante años habían permanecido prácticamente invisibles en los archivos de observación disponibles por telescopios espaciales.

El estudio, publicado en Nature Astronomy, los llama fuentes de rayos X hipersuaves porque emiten rayos X de energías muchísimo menores que las habituales conocidas hasta ahora.

La mayoría de su energía probablemente sale como luz ultravioleta extrema, una región del espectro situada entre el ultravioleta convencional y los rayos X más energéticos.

Ese tipo de radiación resulta difícil de detectar porque el gas entre las estrellas absorbe gran parte antes de que pueda llegar hasta nuestros telescopios actuales desde la Tierra.

El Observatorio de rayos X Chandra de la NASA solo alcanza a captar una pequeña parte de esa emisión, justamente la cola de rayos X más suaves.

El equipo revisó datos antiguos de Chandra y encontró entre siete y veintiuna fuentes en cada una de seis galaxias, incluidas Andrómeda y M101.

Para comprobar que no eran errores del detector, buscaron si aparecían otra vez en observaciones realizadas en distintos momentos y en exactamente las mismas posiciones.

Muchas reaparecieron, y algunas también fueron detectadas por XMM-Newton, otro observatorio espacial de rayos X, reforzando la idea de que son objetos reales.

Su distribución también llamó la atención: algunas siguen los brazos espirales de M101, mientras otras aparecen entre poblaciones estelares mucho más antiguas en galaxias elípticas.

Eso sugiere que posiblemente no exista una sola explicación para todas y que distintas clases de sistemas puedan producir esta extraña firma de radiación.

Una posibilidad es que algunas contengan enanas blancas que están robando material de una estrella compañera y calentándose mientras acumulan cada vez más masa.

Otras podrían ser sistemas que sufrieron recientemente una nova, mientras algunas quizá contengan estrellas de neutrones o agujeros negros alimentándose del material de otra estrella.

Por eso, la etiqueta de “hipersuave” describe principalmente la luz que recibimos y no necesariamente una única clase completamente nueva de objeto astronómico.

Algunas de estas fuentes podrían ayudar a resolver un problema relacionado con las supernovas de tipo Ia, explosiones utilizadas para medir enormes distancias en el universo.

Los astrónomos observan muchas de esas supernovas, pero encuentran menos enanas blancas preparándose para explotar de las que algunos modelos predicen que deberían existir.

Si parte de estas fuentes fueran enanas blancas acumulando material, los científicos podrían estar viendo justamente algunas de esas etapas previas que faltaban observar.

Sin embargo, eso no significa que los 84 objetos vayan a convertirse en supernovas, porque la muestra probablemente incluye sistemas físicos muy diferentes entre sí.

Estas fuentes también podrían afectar el gas de sus galaxias, ya que su intensa radiación ultravioleta puede arrancar electrones y modificar el entorno interestelar.

El descubrimiento probablemente representa solo una parte de una población mayor, porque Chandra tiene dificultades especiales para registrar precisamente estas energías extremadamente bajas.

Ahora los astrónomos necesitan observaciones simultáneas en ultravioleta y rayos X para medir mejor sus temperaturas y descubrir qué tipo de objeto produce cada emisión.

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