¿Dónde termina exactamente la Vía Láctea? Parece una pregunta simple, pero no lo es, porque nosotros estamos metidos dentro de ella.
Además, una galaxia no tiene una pared final. Sus estrellas simplemente se vuelven menos densas mientras uno se aleja del centro.
Un estudio publicado en Astronomy & Astrophysics propone una forma concreta de marcar ese borde: mirar hasta dónde nacen estrellas nuevas.
Según el trabajo, esa frontera estaría entre 11,28 y 12,15 kilopársecs del centro galáctico, unos 40.000 años luz aproximadamente.
Para llegar a esa conclusión, los investigadores analizaron más de 100.000 estrellas gigantes usando datos de APOGEE-DR17, LAMOST-DR3 y Gaia.
Lo interesante apareció cuando compararon la edad de esas estrellas con su distancia al centro de la galaxia. El patrón parecía una U.
Cerca del centro, las estrellas son más viejas. Luego, al alejarnos, se vuelven progresivamente más jóvenes, hasta llegar a cierto punto.
Después de ese punto, las estrellas vuelven a ser más viejas. Y ahí está la pista importante para entender el borde galáctico.
Ese punto marcaría el final de la zona donde la Vía Láctea todavía forma estrellas de manera activa y relativamente eficiente.
¿Por qué pasa esto? Cerca del centro había más gas y polvo, así que la formación estelar comenzó antes allí.
Más afuera, el gas está más disperso. La gravedad tarda más en juntar material suficiente, por eso las estrellas suelen ser más jóvenes.
Pero más allá del borde, la historia cambia. Allí todavía hay estrellas, sí, pero muchas no nacieron en esa zona.
Según los autores, varias fueron expulsadas o desplazadas desde regiones internas durante miles de millones de años, hasta terminar en las afueras.
Esa migración puede ocurrir por la gravedad de los brazos espirales o por la barra central de la Vía Láctea.
Esas estructuras pueden empujar estrellas como si las lanzaran fuera de la región principal donde todavía se forman nuevas generaciones estelares.
¿Y por qué la formación de estrellas se corta cerca de los 40.000 años luz? El estudio plantea varias posibilidades.
Una es la resonancia de Lindblad externa, relacionada con la barra central, que puede alterar el flujo del gas galáctico.
Otra es la deformación del disco de la galaxia en esa zona, lo que dispersa el gas sobre un área más grande.
También puede ocurrir algo más simple: que el gas se vuelva demasiado tenue para enfriarse y formar nuevas estrellas.
Todo esto ayuda a clasificar mejor a la Vía Láctea como una galaxia de disco tipo II, con una caída marcada hacia afuera.
La idea no es que la galaxia termine de golpe, sino que allí termina su zona más productiva para crear estrellas.
Más allá empieza una periferia enorme, más tranquila y antigua, hecha en parte por estrellas que viajaron desde regiones internas.
