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Astronautas realizan las primeras radiografías humanas en el espacio

Radiografías de las manos, de izquierda a derecha, tomadas antes del vuelo, en órbita y después del vuelo, a tres individuos diferentes utilizando el mismo protocolo de imagen. (Gifford et al., Radiology, 2026)

La humanidad lleva más de seis décadas viajando al espacio, pero hasta ahora los tripulantes espaciales no podían obtener radiografías diagnósticas de sus propios cuerpos en órbita.

Eso acaba de cambiar. Una investigación publicada en Radiology demuestra que una tripulación también puede usar un equipo portátil de rayos X durante un vuelo espacial.

Durante más de cuarenta años, el ultrasonido fue la única herramienta práctica de imagen médica disponible fuera de la Tierra, especialmente por su seguridad y portabilidad.

El ultrasonido envía ondas sonoras al cuerpo y analiza cómo rebotan en los tejidos. Funciona bien, aunque obtener imágenes claras e interpretarlas exige bastante entrenamiento médico.

Las radiografías planteaban un desafío distinto. Necesitan una fuente de rayos X, un detector al otro lado del cuerpo y una persona correctamente alineada e inmóvil.

Además, todos deben permanecer quietos durante la toma, algo complicado en microgravedad, donde el paciente, el aparato y hasta el detector pueden desplazarse flotando libremente.

La situación mejoró cuando aparecieron generadores pequeños, inalámbricos y alimentados por baterías. Estos equipos hicieron pensar que las radiografías orbitales podían funcionar realmente durante misiones.

En 2022, un grupo probó la técnica durante vuelos parabólicos, que producen breves periodos de microgravedad. Las imágenes obtenidas confirmaron que el método podía funcionar.

El siguiente paso consistía en comprobarlo durante una misión orbital real. La oportunidad finalmente llegó con Fram2, un vuelo civil de tres días y medio.

La tripulación recibió cuatro horas de capacitación previa y llevó un sistema digital ultraportátil. Antes y durante el viaje, tomó radiografías de distintas partes corporales.

Fotografiaron manos, antebrazos, pecho, abdomen y pelvis. También usaron como referencia un objeto de control y un reloj inteligente para evaluar usos técnicos adicionales.

Radiólogos en la Tierra revisaron cada imagen de manera independiente. Todos concluyeron que la calidad obtenida permitía realizar diagnósticos, incluso en las zonas más difíciles.

Las manos y los brazos resultaron sencillos porque podían mantenerse quietos. El pecho, abdomen y pelvis produjeron imágenes algo inferiores, aunque todavía clínicamente muy útiles.

Los investigadores resolvieron así buena parte del problema tomando la imagen muy rápido. Así redujeron el movimiento que durante décadas había frenado esta posibilidad médica.

Esta tecnología permitiría confirmar una fractura en pocos minutos, sin depender únicamente del ultrasonido ni de interpretaciones complejas realizadas por tripulantes poco experimentados.

El equipo también podría revisar componentes de una nave sin abrirlos ni dañarlos. Así detectaría grietas internas, fallas ocultas u otros problemas potencialmente peligrosos.

Ese uso, conocido como prueba no destructiva, ya resulta común en aeropuertos e industrias terrestres, donde los rayos X inspeccionan objetos sin desmontarlos.

Todavía quedan obstáculos. El aparato sufrió daños durante el regreso, aunque siguió funcionando, y su tamaño sigue siendo considerable para una misión espacial prolongada.

En viajes a la Luna o Marte, los astronautas quizá tampoco cuenten con especialistas disponibles inmediatamente. Por eso, la inteligencia artificial podría ayudar a revisar imágenes.

Para volver rutinarias estas radiografías, los científicos deberán reducir el equipo, reforzarlo contra vibraciones y vacío, y facilitar su manejo lejos de la asistencia terrestre.

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