Científicos prueban si las experiencias fuera del cuerpo son reales

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Científicos prueban si las experiencias fuera del cuerpo son reales

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Las experiencias fuera del cuerpo suelen describirse como la sensación de que la conciencia aparentemente abandona físicamente el cuerpo y observa el entorno desde otra posición.

Un estudio publicado en la revista Explore quiso comprobar si personas acostumbradas a provocar estas experiencias podían realmente obtener información visual imposible de conocer normalmente.

Los investigadores reclutaron a 21 participantes vinculados con un instituto brasileño que enseña regularmente técnicas de meditación, visualización y prácticas destinadas a inducir experiencias extracorporales.

Cada participante permanecía en una habitación mientras intentaba producir la experiencia, acompañado por un equipo que también registraba su actividad cerebral mediante un electroencefalograma.

En otra habitación cerrada, situada varios metros más lejos, una computadora mostraba una imagen elegida al azar entre cien posibilidades preparadas previamente por los investigadores.

La pantalla estaba orientada hacia una pared y nadie sabía tampoco qué imagen había aparecido, ni siquiera los investigadores presentes durante la sesión experimental.

Los participantes tenían entre 60 y 90 minutos para intentar desplazarse mentalmente hasta esa habitación y después describir entonces cualquier impresión relacionada con la imagen escondida.

Al terminar las sesiones, finalmente trece personas entregaron descripciones que podían compararse con los posibles objetivos, aunque no todas afirmaron haber salido realmente de sus cuerpos.

Para evitar que después los propios científicos decidieran subjetivamente qué descripción se parecía más, utilizaron un sistema computacional basado en inteligencia artificial para realizar comparaciones.

El programa comparó automáticamente cada relato con las descripciones de las cien imágenes posibles y calculó qué tan cerca estaba cada una del objetivo verdadero seleccionado.

Si los participantes hubieran percibido correctamente las imágenes ocultas, los objetivos reales deberían haber aparecido repetidamente entre las opciones con mayor parecido según el análisis.

Pero eso no ocurrió. Las imágenes verdaderas quedaron entre los puestos 16 y 92, y los resultados generales no fueron mejores que el azar.

En otras palabras, el experimento no encontró evidencia de que los participantes pudieran identificar objetos ocultos mediante una experiencia fuera del cuerpo bajo estas condiciones.

Sin embargo, ocurrió algo inesperado. Dos participantes describieron espontáneamente detalles sobre las posiciones y actividades de investigadores que estaban trabajando dentro de una habitación cercana.

Uno mencionó a una persona concentrada frente a una computadora y otra leyendo más atrás, una distribución que coincidía con lo que sucedía durante aquella sesión.

Otro participante describió a un investigador tomando notas y a otro frente al ordenador, además de ubicar correctamente dónde estaba sentado cada uno entonces.

Estas coincidencias parecen llamativas, pero los propios autores advierten que no formaban parte del objetivo establecido previamente y tampoco recibieron un análisis estadístico formal.

Por eso, esos relatos deben considerarse observaciones anecdóticas y no pruebas de percepción extrasensorial, telepatía ni de una conciencia separándose realmente del cuerpo físico.

Los investigadores plantean que los objetivos estáticos quizá resulten poco relevantes durante estas experiencias y que situaciones humanas podrían llamar más la atención de participantes.

Eso tendrá que comprobarse mediante experimentos diseñados específicamente para probarlo, porque este trabajo mostró coincidencias curiosas, pero su prueba principal produjo resultados negativos estadísticamente muy claros.