El Servicio de Seguridad Nacional de EE UU (ICE por sus siglas en inglés) planea gastar hasta 20 millones de dólares antes de marzo en unos guantes capaces de aplicar descargas eléctricas dolorosas para someter a una persona.
GLOVE
El dispositivo se llama GLOVE, siglas de Generated Low Output Voltage Emitter, y lo fabrica Compliant Technologies, una empresa de Kentucky. A simple vista parece un guante policial convencional. La diferencia aparece cuando el agente activa un interruptor en la muñeca.
A diferencia de una Taser, que dispara dardos o utiliza electricidad para provocar una contracción muscular generalizada, GLOVE busca producir dolor localizado. Sus almohadillas conductoras envían pulsos eléctricos de alta frecuencia a la piel y sobreestimulan los nervios periféricos. Esto puede dificultar temporalmente el movimiento coordinado.
El fabricante afirma que el dispositivo puede lograr la sumisión en menos de tres segundos y que no deja quemaduras, cicatrices ni marcas. Una batería recargable y un microprocesador alimentan el sistema desde un compartimento ubicado en el puño.
Restricciones
Existen tres versiones, Gen 3, 4 y 5 y todas alcanzan hasta 380 voltios. Las Gen 3 y 4 funcionan desde 210 voltios, mientras que la Gen 5 parte de 324. La batería tarda unas dos horas en cargarse y soporta alrededor de 2.000 ciclos.
Los modelos más recientes también registran cada activación, incluyendo fecha, hora y duración del contacto. La Gen 4 almacena esos datos en una tarjeta microSD y la Gen 5 utiliza memoria interna accesible mediante USB-C.
El fabricante establece varias restricciones. No deben utilizarse más de dos guantes sobre una misma persona y una descarga continua no debería superar los 15 segundos. Los agentes deben apuntar a brazos y piernas y evitar cabeza, cara, garganta, pecho e ingle. Tampoco recomiendan su uso contra niños pequeños, personas mayores, embarazadas o personas con discapacidades severas.
El dispositivo necesita contacto con la piel. No atraviesa ropa seca ni cabello grueso, aunque puede funcionar con prendas finas y mojadas.
Controversia
Ahí aparece la principal controversia. Michael Crowley, investigador de Omega Research Foundation, sostiene que estos dispositivos están diseñados para causar dolor, más que para inmovilizar. Aunque Compliant Technologies presenta el GLOVE como una herramienta de desescalada, Crowley considera que su propósito real consiste en conseguir obediencia mediante el dolor.
Por eso, Omega considera que esta tecnología es inherentemente abusiva y cuestiona que organismos policiales como ICE deban fabricarla, comprarla o utilizarla.





