Descubren las bacterias que podrían proteger a los niños del asma y las alergias

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Descubren las bacterias que podrían proteger a los niños del asma y las alergias

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Durante décadas, los científicos han observado algo curioso: los niños que crecen en granjas suelen desarrollar menos asma, alergias y fiebre del heno.

A este fenómeno se le conoce como “efecto granja”, y se sospechó que estaba relacionado con la exposición temprana a muchos microbios.

Ahora, un estudio publicado en NEJM Evidence identificó bacterias concretas del ambiente de los establos que podrían explicar buena parte de esa protección inmunológica.

El equipo analizó datos de más de mil niños de zonas rurales europeas, incluyendo muestras nasales, polvo de colchones y polvo recogido directamente en establos.

Los investigadores compararon qué bacterias y hongos aparecían en esas muestras y cuáles se relacionaban con una menor probabilidad de desarrollar enfermedades alérgicas infantiles.

Después de aplicar análisis genéticos, metabólicos y modelos informáticos, redujeron la diversidad microbiana hasta identificar nueve especies bacterianas especialmente asociadas con ese efecto protector.

Entre ellas aparecieron especies como Romboutsia timonensis y Glutamicibacter arilaitensis, bacterias grampositivas que viven en el sistema digestivo de las vacas.

En conjunto, esas bacterias explicarían alrededor de dos tercios del efecto protector frente al asma y aproximadamente la mitad frente a fiebre del heno y eccema.

Los microorganismos proceden del intestino de las vacas, terminan en sus heces y pueden quedar suspendidos en el aire dentro de los establos.

Los niños que pasan tiempo cerca del ganado inhalan parte de esos microbios y también pueden llevarlos hasta sus hogares mediante ropa, cabello y otros objetos.

De hecho, esas bacterias aparecieron con mucha mayor frecuencia en el polvo de los establos que en el polvo recogido dentro de las habitaciones infantiles.

Pero los científicos no creen que las bacterias actúen simplemente por estar presentes, sino mediante sustancias que producen o transforman mientras realizan su metabolismo normal.

Algunas de esas sustancias pueden entrar por las vías respiratorias y activar receptores presentes en nuestras células, relacionados con la regulación de las respuestas del sistema inmunitario.

Cuando esa activación ocurre en niveles moderados, parece favorecer respuestas antiinflamatorias y ayudar al organismo a evitar reacciones exageradas frente a sustancias normalmente inofensivas.

Eso resulta importante porque enfermedades como el asma alérgica, la fiebre del heno y ciertos eccemas aparecen cuando el sistema inmunitario responde excesivamente ante estímulos cotidianos.

Los resultados encajan con la llamada hipótesis de la higiene, que propone que una exposición microbiana demasiado limitada durante la infancia puede alterar la educación inmunológica.

Sin embargo, el estudio sigue siendo principalmente observacional, así que todavía no demuestra de manera definitiva que estas bacterias sean responsables directas de toda la protección.

Los investigadores necesitarán experimentos adicionales para entender exactamente qué sustancias producen, cómo llegan a las vías respiratorias y qué cambios provocan dentro de las células humanas.

Si esos mecanismos se confirman, algún día podrían desarrollarse tratamientos preventivos capaces de imitar parte del efecto granja sin necesidad de que los niños vivan rodeados de ganado.

Por ahora, el trabajo refuerza una idea cada vez más sólida: cierto contacto temprano con microbios ambientales puede ayudar al sistema inmunitario a aprender cuándo reaccionar y cuándo no.